IPS Inter Press Service en Cuba

Sábado, 19 de Octubre de 2019
1,2,3...trovando
Los inicios de Jorge como trovador estuvieron relacionados con las peñas.

A sus amigos, la actriz Corina Mestre y a Noel, les debe el primer impulso para dejar la comodidad de un puesto de trabajo fijo, bien remunerado para la época, e imponerse a  la resistencia de personas que aseguraban que no podría cantar, para convertirse en trovador “tan pobre de monedas”, como el mismo se definiera en Entre tú y yo (1997).

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A Jorge le toca abrirse paso en una tradición que atraviesa uno de los momentos más duros que se recuerdan, desde la década de los 70’s.

En 1986, sin más explicaciones ni concertaciones, desaparece el Movimiento de la Nueva Trova. Noel, su primer presidente, me confesaba tiempo después, que se había enterado por la radio, en declaraciones del trovador Vicente Feliú, que fungía entonces como director.

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Los versos del trovador cubano han sido un “consuelo inmenso”, dijo la periodista noruega Kristin Havgar a su amiga cubana Carmen López.

“He escuchado la canción de Jorge García, No todo se pierde. Ha sido un consuelo inmenso”, escribió la periodista noruega Kristin Havgar, en mensaje de correo electrónico a su amiga cubana, tras el entierro de las primeras víctimas del doble atentado perpetrado por un extremista que dejó 77 personas muertas en su país, el pasado 22 de julio.

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Jorge no pertenece formalmente a ninguna generación de la Nueva Trova Cubana.

A fines de los 70’s, la postura oficial hacia la Nueva Trova comenzó a cambiar. Los trovadores no solo formaron parte de los catálogos de la Empresa de Grabaciones y Ediciones Musicales (EGREM), la única casa discográfica cubana hasta los 90’s, sino que llegaron a la TV y a la radio.

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Padura nos había comentado que su libro sobre el asesino de León Trovsky terminaba en nuestro apartamento de Lawton.

Fue el 7 de marzo de 1995 que conocí a Jorge. El 17 visité por primera vez en su peña El Fandango del Candil, en el Patio de María. La luna era una grandísima bola de fuego que nunca más vimos. Para el 20, justo antes de la primavera, algo nos había pasado y el 8 de mayo ya vivíamos juntos, en una casita de la barriada obrera de Lawton.

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