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Sábado, 18 de Agosto de 2018
Política
Unidad regional en la diversidad Unidad regional en la diversidad Jorge Luis Baños
La conducción cubana ha tenido como principio que la unidad regional pasa por el reconocimiento de su diversidad

La Habana, 24 ene .- La presidencia protempore de Cuba a lo largo de 2013 de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) ratifica la justeza e importancia de la decisión tomada por las naciones del área de reincorporar a su seno a la nación caribeña.

Este organismo de concertación regional surgió el 23 de febrero de 2010 durante la celebración de la Cumbre de la Unidad de América Latina y el Caribe, en la región de la Riviera Maya (sureste de México) y se constituyó oficialmente en diciembre de 2011, en la cita fundacional de Caracas.

Con casi 600 millones de habitantes, el nuevo bloque político dejó fuera a Estados Unidos y Canadá e incluyó a la isla de gobierno socialista.

La trascendencia histórica de la decisión radicó en el respaldo regional a Cuba, expulsada en 1962 de la Organización de Estados Americanos (OEA), decisión liderada entonces por el gobierno estadounidense.

Para especialistas en el tema, la postura asumida por la Celac puede entenderse como un claro mensaje de los gobiernos del área a Washington acerca de la necesidad de cambiar la política hacia La Habana, postura que pasa por el levantamiento del bloqueo económico, comercial y financiero impuesto desde hace más de medio siglo.

Cuando Cuba accedió a la conducción temporaria del mecanismo de integración, la presidenta de Argentina, Cristina Fernández, dijo que ese hecho se erigía como una victoria contundente sobre el aislamiento y la política fracasada estadounidense y un verdadero cambio de época.

"Asumimos el compromiso de trabajar por la paz, la justicia, el desarrollo, la cooperación, el entendimiento y la solidaridad entre los latinoamericanos y caribeños", dijo el mandatario cubano Raúl Castro, tras asumir la presidencia del ente regional y concluir la primera Cumbre en Santiago de Chile.

Desde entonces la conducción cubana de la Celac ha tenido como principio que la unidad regional pasa por el reconocimiento de la diversidad que caracteriza el área, pues otro de los méritos del ente latinocaribeño apunta a concertar unidad desde su variedad política, ideológica y cultural.

Sin recetas preconcebidas, a base de diálogo y mucho realismo político, la diplomacia cubana parece haber tejido el amplio abanico de relaciones en su año de dirección del organismo continental, coincidieron analistas consultados por la Redacción de IPS Cuba.

Las fuentes resaltaron en ese sentido que durante 2013, la brújula del mandato cubano estuvo puesta en el fortalecimiento de la postura regional encaminada a orientar políticas en el orden social hacia el fomento de la equidad, inclusión y erradicación del hambre y la pobreza.

La conducción de La Habana tuvo en cuenta que esa dirección decide la existencia del grupo. "Resulta evidente que la fortaleza económica, política y social del concierto de las 33 naciones es decisiva para construir el liderazgo del área", consideró uno de los especialistas consultados.

Cuba también avanzó en el diálogo con nuevos actores en la palestra internacional como es el grupo Brics (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) con la mira puesta en la necesidad de vertebrar un mundo multipolar donde América Latina y el Caribe tengan el protagonismo y autoridad que merecen.

La cooperación Sur-Sur ha sido también un eje importante en la gestión cubana al frente de la Celac por ser esta una de los baluartes de la diplomacia local y donde América Latina y el Caribe pueden y deben ampliar sustantivamente su participación, según estiman analistas de la integración.

La isla caribeña ha sido portavoz del bloque en diversos organismos multilaterales en defensa de causas comunes de los pueblos latinoamericanos, como el reclamo de soberanía argentina sobre las Malvinas, entre otros.

Intensa fue también la actividad de Cuba en su condición de presidente protempore de la Celac en el último período de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas. En ese escenario, trabajó por estrechar lazos con grupos regionales como el de los 77 más China, el Movimiento de Países No Alineados y la Unión Africana, entre otros. Bajo el auspicio cubano, a lo largo de 2013 se desarrollaron reuniones con rango ministerial en aspectos centrados en temas de amplio interés. En Paramaribo, Surinam, en marzo último, ministros de cultura trataron asuntos como el de la defensa y preservación del patrimonio cultural.

La Habana acogió al primer foro de ministros de Educación con una agenda que incluyó la lucha contra el analfabetismo, formación de personal docente, calidad de la educación básica, atención a la primera infancia, los indígenas y los afrodescendientes.

En julio, Caracas cobijó a los responsables gubernamentales de las áreas sociales. Allí se deliberó sobre educación, alimentación y salud, como derechos de los pueblos.

También se considera significativo el papel de Cuba como sede y garante de los diálogos de paz entre el gobierno colombiano y las insurgentes Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia Ejército del Pueblo (FARC-EP), un tema de la máxima importancia para América Latina y el Caribe.

Respecto al diferendo Estados Unidos-Cuba, durante la presidencia cubana de la Celac no ha habido cambios sustantivos en la política de Washington hacia La Habana, aunque sí se ha notado un discurso menos subido de tono por las partes en conflicto. El presidente Raúl Castro ha mantenido su propuesta de establecer un diálogo respetuoso, basado en la igualdad soberana, sobre todos los problemas bilaterales.

Para los expertos, el mandato cubano concluye como una etapa de maduración y consolidación del bloque regional, lo que significa un reto para la presidencia protempore de Costa Rica que debe enfrentar durante su presidencia un cambio de gobierno y dar continuidad la línea ascendente de desarrollo de la Celac. (2014)

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