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Lunes, 19 de Febrero de 2018
Economía y desarrollo
CUBA - CARIBE: Opciones y oportunidades desde la marginalidad
  • Carlos Oliva Campos
CUBA - CARIBE: Opciones y oportunidades desde la marginalidad Jorge Luis Baños
En sus vecinos más cercanos pudiera encontrar Cuba alianzas provechosas. Más sobre estos vínculos caribeños en este artículo de 2001.

Razones históricas y geográficas bien conocidas hacen del Caribe una de las regiones del planeta que más ha reclamado la presencia de las potencias mundiales desde el siglo XVI hasta la actualidad. España, Gran Bretaña, Francia y Holanda en el mundo colonial, Estados Unidos desde finales del siglo XIX y la Unión Soviética durante la guerra fría, han aportado con sus pretensiones geopolíticas una reconocida dimensión estratégica al Caribe.

El resultado de todas estas condicionantes externas ha sido un mundo multicultural, multiétnico, multilingüe y desde 1959 con el triunfo de la Revolución Cubana también multi-ideológico.

El acto de abordar las relaciones de Cuba con sus vecinos del Caribe(1), está inmerso en esa realidad que explica el por qué su estudio no puede plantearse en términos estrictamente bilaterales; al menos sin esclarecer previamente el contexto geopolítico global y hemisférico en que se enmarcan. De ahí que se adelante como primera hipótesis de trabajo que las relaciones de Cuba con el Caribe insular encierran una doble dimensión, por un lado, tienen un carácter marginal como resultado del escaso impacto internacional que se concede a los vínculos entre estados insulares; mientras que por otro, el contexto geopolítico en que han tenido que desarrollarse históricamente le otorgan una determinada connotación estratégica.

Desde los textos legados por los Padres Fundadores de la nación norteamericana - Thomas Jefferson en particular-, pasando por los estudios geopolíticos de Alfred Mahan en la segunda mitad del siglo XIX, la guerra hispano-cubano-norteamericana de 1898 y la política del Big Stick de Theodore Roosevelt a inicios del XX, hasta los llamados Documentos del Comité de Santa Fe de la era Reagan, son todos reveladores de una visión geopolítica del Caribe para los Estados Unidos.

A pesar de que el Caribe (2) fue siempre visualizado en las políticas estadounidenses como un área de encuentros y desencuentros con las potencias europeas, no fue hasta la guerra fría, cuando Cuba y la URSS concertan una alianza estratégica a inicios de los años'60s del siglo XX, que alcanzó un impacto global, sobre todo con la llamada crisis de octubre de 1962 derivada de la presencia en Cuba de misiles soviéticos de alcance medio.

En la post guerra fría, sin la existencia de la URSS y con una percepción diferente sobre las posibles amenazas de Cuba a la seguridad nacional estadounidense, la neutralización de los movimientos guerrilleros centroamericanos y la derrota electoral sandinista a inicios de los años '90s, el escenario en la Cuenca del Caribe ha sido replanteado a la luz de la geopolítica actual. Eso ha llevado a algunos autores a hablar de una pérdida de la importancia estratégica del Caribe; diferenciándose entre sí por el énfasis geoeconómico en unos y geopolítico en otros. Para Andrés Serbin, la globalización y la interdependencia económica se articulan con la pérdida de la importancia estratégica regional para los actores tradicionalmente implicados, en un escenario en que los antiguos países socialistas de Europa Oriental alcanzan niveles de prioridad en la política exterior estadounidense reclamando el interés mantenido por otras regiones y la tendencia global es a la construcción de grandes bloques económicos: la Unión Europea, Asia-Pacífico y el Tratado de Libre Comercio de América del Norte. (3) Cabe anotar que esa preocupación por la marginalidad del Caribe se ha visto alimentada durante los últimos años por las tendencias predominantes en el proceso de articulación de la llamada Área de Libre Comercio para las Américas (ALCA), en la cual el Caribe se ha visto ajeno a las prioridades, a pesar del reiterado reclamo para el otorgamiento de la paridad para las negociaciones comerciales hemisféricas.

En cambio, otros autores como Ivelaw Griffith, enfocan el problema desde una óptica geopolítica, relativizando esa pérdida de importancia estratégica al argumentar que los factores que llevaron a esa percepción aún están presentes (4) Primero, la existencia de materiales estratégicos como petróleo, níquel, bauxita, manganeso, oro y diamantes. Segundo, la ubicación en el área de vitales vías marítimas de comunicación, comenzando por el Canal de Panamá, una conexión interoceánica que no ha perdido su importancia comercial. Tercero, las que Griffith denomina redes de seguridad que las grandes potencias encabezadas por Estados Unidos tienen en el Caribe, garantizando las conexiones entre tres continentes. Particularmente importante es la tradicional presencia militar de Estados Unidos en el área.

En este aspecto, deben señalarse los cambios ocurridos durante los '90s en cuanto a un replanteamiento de las llamadas misiones de defensa hemisférica, que ha implicado la reorganización del Comando Sur, trasladado a la Florida, con acciones tales como la entrega del Canal de Panamá al gobierno de ese país, el cierre de bases militares consideradas obsoletas y lo más importante, la redefinición de las misiones de las Fuerzas Armadas estadounidenses. Así tenemos el uso de instalaciones militares alternativas en Aruba, y Curazao en las Antillas Holandesas (Sur del Caribe) y la base militar de Manta en la Costa Pacífica del Ecuador, articuladas con las bases de Roosevelt Roads en Puerto Rico y Soto Cano en Honduras. (5)

Nótese algo bien importante, durante la guerra fría y sobre todo, siendo la Cuenca del Caribe considerada un foco de crisis para la política exterior de Estados Unidos, la presencia militar estadounidense estaba diseñada para actuar sobre Centroamérica, Cuba y el Caribe, como lo hizo en Granada en 1983. Sin embargo, es interesante como con la construcción de una nueva agenda de seguridad hemisférica y un paulatino desplazamiento de las percepciones de crisis hacia el área andina, expresado elocuentemente en la descrita reubicación militar estadounidense, no hacen sino ratificar, bajo las condiciones actuales, la nueva importancia estratégica del Caribe. (6)

Para zanjar cualquier duda sobre el peso que tiene el tema Cuba en ese nuevo escenario resultan elocuentes las reflexiones de Griffith cuando afirma, ¨ a pesar de que es cierto que en Estados Unidos persistirá una cierta preocupación con respecto a una amenaza ideológica en la medida en que Fidel Castro logre permanecer inflexible en cuanto a la prosecución del comunismo en Cuba, < la amenaza comunista> es virtualmente inexistente, en parte debido a los cambios regionales producidos en Nicaragua, Granada, Guyana, y otros países. (7)

No obstante, aún y cuando parece poco probable un conflicto militar entre Cuba y Estados Unidos, no es ocioso llamar la atención sobre el rumbo que ha seguido hasta ahora la actual administración Bush, con los acercamientos al sector de la derecha cubanoamericana y sus manifestaciones en la búsqueda del reforzamiento del bloqueo económico, el incremento de las presiones políticas para condenar a Cuba en la ONU como no democrática y violadora de los derechos humanos y el aislamiento hemisférico con su exclusión del proyecto ALCA. No debe desconocerse el hecho cierto de que ese eventual conflicto militar, no previsto ni contemplado entre las prioridades de la política hemisférica estadounidense impactará no sólo a ambos actores, también a México, Centroamérica, el Caribe insular, Venezuela y Colombia, lo que es decir, a todo el Gran Caribe.

En cuanto a la nueva agenda de seguridad hemisférica, hay que señalar que el Caribe aparece involucrado en algunos de los más importantes temas como el narcotráfico, la migración y el medio ambiente, este último por los frecuentes fenómenos naturales que azotan el área y que provocan pérdidas de vidas humanas y enormes costos económicos. (8)

En lo tocante al contexto regional de las relaciones Cuba-Caribe, hay que comenzar señalando que uno de los resultados de la presencia de diferentes metrópolis coloniales y la posterior hegemonización del área por parte de Estados Unidos ha sido su fragmentación interna. La dirección de las relaciones de los pequeños estados se ha movido más hacia los polos de poder influyentes tradicionales y más recientemente, aunque en mucha menor medida, como resultado de un cierto protagonismo que han venido asumiendo, adquieren alguna influencia México, Venezuela, Colombia (G-3) y Canadá.

Información

  • Publicación: Enfoques
  • Número: 17
  • Año: 2001
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