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Miércoles, 23 de Mayo de 2018
Política
La reinserción de Cuba en la comunidad latinoamericana, balance y perspectivas
América Latina y el Caribe han estado entre las prioridades del gobierno cubano, refiere este artículo de 1993.

Desde el triunfo de la Revolución Cubana, América Latina y El Caribe han tenido un nivel de prioridad permanente para el gobierno de la isla. Si fuéramos a definir la política exterior cubana por sus contenidos básicos, diríamos que en ella se expresa una identidad tridimensional, dada por su condición de país socialista, latinoamericano y No Alineado.

Las relaciones de Cuba con sus vecinos han estado condicionadas en muchos momentos, por la presencia de un tercer actor, Estados Unidos, como resultado de su control hegemónico impuesto en el hemisferio. Esto le ha permitido al gobierno norteamericano estructurar unas relaciones interamericanas con un marcado carácter asimétrico, donde las opciones y espacios de las naciones latinoamericanas, han estado supeditadas a las prioridades definidas por cada administración estadounidense.

No obstante, es válido precisar algunas diferencias que se aprecian en la proyección hemisférica de los partidos Republicano y Demócrata. Históricamente los republicanos han sido más pragmáticos y factualistas, supeditando las políticas latinoamericanas al contexto global de la política exterior norteamericana. En tanto que los demócratas le han prestado mayor atención a la región, con un sentido innovador, buscando una mayor participación de sus vecinos en el sistema internacional.

En ese controvertido escenario se han desplegado las relaciones cubano-latinoamericanas, en un ascenso lento y gradual pero sostenido.

La tendencia observada permite plantear las hipótesis siguientes:

l. El proceso de reinserción de Cuba en la comunidad regional, se gestó mucho antes de los cambios internacionales que han tenido lugar últimamente, no respondiendo así a factores extracontinentales.

2. América Latina, aún y con las diferencias de enfoque que tiene, ha sido capaz de dar en relación con Cuba, el paso que Estados Unidos no ha aceptado: defender la lógica de buscar soluciones a las contradicciones en un proceso de acercamiento y no de distanciamiento.

3. Los profundos cambios políticos y económicos internacionales, en particular las repercusiones que ha tenido en América Latina, el derrumbe del socialismo en Europa Oriental y la URSS, han ampliado los espacios en que se mueven las relaciones cubano-latinoamericanas, así como los intereses comunes de ambas partes.

En la perspectiva triangular bajo la que será abordada la presencia de Cuba en el hemisferio, aparecen cuatro etapas históricas.
La primera recorre los años sesenta y estuvo caracterizada por un marcado alineamiento de la mayoría de los países latinoamericanos y caribeños, a las políticas diseñadas por Estados Unidos contra Cuba.

La segunda transcurre a lo largo de la década de los años setenta, donde algunos países latinoamericanos defienden un enfoque nacional del caso cubano.
La tercera se abre en la coyuntura de la Guerra de las Malvinas de Abril-Junio de 1982, dando inicio a un proceso de reinserción gradual de Cuba en la comunidad regional. Es válido precisar que ese término se emplea considerando los dos polos del problema, Cuba de una parte y de la otra el Sistema Interamericano, diseñado por Estados Unidos, del cual fue la isla expulsada y al cual posteriormente pretenden reincorporarla algunos miembros latinoamericanos.

A partir de esta tercera etapa comienza a advertirse la defensa de un enfoque latinoamericano, alternativo al norteamericano. Con posterioridad, en lo que constituye la cuarta etapa, se abre el análisis en la actual coyuntura, marcada por el derrumbe del socialismo en Europa y la URSS, con sus graves consecuencias para Cuba.
De las primeras etapas se extraen solamente aquellos aspectos básicos que contribuyen a revelar las tendencias evolutivas del fenómeno, por cuanto el peso del análisis recae precisamente en la etapa más reciente. De ahí que se asuma el reto de avanzar criterios susceptibles a la polémica, pero muy válidos a la hora de despertar una justa reflexión sobre el problema.

DEL AISLAMIENTO HEMISFÉRICO A LOS PRIMEROS CONTACTOS

La Revolución Cubana nunca ha podido vivir al margen de la Guerra Fría y en esa reflexión se incluye el momento actual en el cual, por todo el planeta, se habla del fin de esa etapa de confrontación bipolar.
El proyecto socialista cubano nació cuando Estados Unidos comenzaba a sentir el peso de su liderazgo mundial y el "Tercer Mundo" luchaba por alcanzar un espacio en el sistema político internacional.

En las primeras políticas norteamericanas después de Enero de 1959, las posiciones realistas y constructivas no predominaron. Rápidamente Latinoamericanismo y ----antinorteamericanismo se dieron de la mano, asumiendo como alternativa la expansión por el continente de las ideas de la revolución cubana. Múltiples factores políticos y sociológicos dieron al traste con esa intención, en un contexto en que predominó el alineamiento gubernamental latinoamericano a Estados Unidos.

El fracaso tanto de la operación militar de Playa Girón, como de la reformista Alianza para el Progreso, propició la revisión de las políticas asumidas en los primeros años de la década del setenta, favorecida por un contexto internacional agudamente cambiante.
Ocurrieron diversos acontecimientos que vinieron a afirmar el hecho cierto, de que el período de hegemonía indiscutida de Estados Unidos había pasado.
El politólogo chileno Luis Maira se refiere a las principales expresiones de la crisis capitalista en Estados Unidos (1). La primera de ellas es la que denominó como formas de recesión económica que se manifestaron, durante la crisis de 1971-1972 y particularmente en 1974-1975. En esto inciden factores como la ruptura de los Acuerdos de Bretton Woods y la caída del dólar, así como el incremento de los precios del petróleo, que agravaron el panorama de la economía norteamericana.

Como segunda expresión se señala la pérdida de legitimidad de la organización política de la sociedad estadounidense, cuya manifestación más trascendente fue la catástrofe política derivada del escándalo Watergate, que culminó con la renuncia de Richard Nixon. Ese acontecimiento hizo evidente la tendencia al fortalecimiento del Ejecutivo y en particular la figura del Presidente, que había roto el equilibrio del sistema de poderes del estado.
La tercera expresión de la crisis, fue la reducción de los márgenes de hegemonía de Estados Unidos, tras los acontecimientos ocurridos en diversas zonas del planeta. La derrota norteamericana en Vietnam, los triunfos de movimientos revolucionarios en Angola, Etiopía y Nicaragua, la caída del Sha de Irán y el triunfo de la Revolución fundamentalista islámica en este país, se cuentan entre los más sobresalientes.

Los factores mencionados desempeñan un papel relevante, a la hora de evaluar el proceso de distensión internacional que tuvo lugar en estos años.
A nivel de las relaciones interamericanas se aprecian nuevas tendencias políticas que tienen que ver con la inconformidad de los países latinoamericanos, por la falta de atención y apoyo norteamericano a la solución de sus acuciantes problemas. En ese contexto se desarrollan proyectos políticos nacionalistas en México (Luis Echevarría), Venezuela (Carlos Andrés Pérez) y Brasil (General Ernesto Geisel), que más allá de sus diferencias tienen en común, la decisión de buscar un espacio para sus países en el ámbito internacional.

A ellos se sumaron otros proyectos políticos que a diferencia del caso brasileño, aunque fueron encabezados por militares, se proyectaron en contra de un régimen dictatorial , estableciendo gobiernos con amplia participación popular. Esos fueron los casos de Juan Velazco Alvarado en Perú y Omar Torrijos en Panamá.
La nueva situación generó preocupaciones en medios políticos estadounidenses, originando conocidos informes sobre la realidad regional: tales fueron los casos de las Comisiones Rockefeller (1969) y Linowitz I y II (1974 y 1976). Por otra parte debe señalarse la propuesta de "Nuevo Diálogo" diseñada por Henry Kissinger y la posterior Política de Defensa de los Derechos Humanos del Presidente Carter.

En el seno de la OEA se vivió un extenso período de continuos debates, que se produjeron entre 1967 y 1974, propiciadores de las reformas adoptadas posteriormente. Entre ellas sobresalieron el levantamiento de las sanciones obligatorias que pesaban sobre Cuba y la firma de un Protocolo de Reformas al TIAR, el cual contemplaba los principios del pluralismo ideológico y la seguridad económica colectiva (2). Como manifestación práctica de esos cambios diversos gobiernos restablecieron relaciones con Cuba, como el de Salvador Allende en Chile, Velazco Alvarado en Perú, Torrijos en Panamá, Forbes Burhan en Guyana y Michael Manley en Jamaica.

Es importante recordar que en este contexto se vivió el período de mayor aproximación entre los gobiernos de Cuba y Estados Unidos. Este proceso se gestó con la administración de Gerald Ford, en momentos en que se escucharon con fuerza, voces en el Congreso norteamericano -Frank Church, George Mc Govern- que abogaron por una solución del conflicto bilateral. Carter asumió la presidencia con la intención de llevar adelante esa empresa y en tal sentido, se avanzaron acuerdos importantes como la apertura de Secciones de Intereses en ambos países. Sin embargo, la política cubana de Carter dio posteriormente un vuelco radical, creando las condiciones para el antagonismo que exacerbó Reagan durante los años ochenta.

En cuanto a Cuba hay que apuntar que, una de las etapas mas relevantes en su ejecutoria de política exterior, es la década que se extiende de 1973 a 1983, en la que se aprecia un incremento de los lazos de la isla con la comunidad internacional y en especial con el "Tercer Mundo". En contraposición a las limitaciones que encontraba con los gobiernos latinoamericanos, el nivel de relaciones con países asiáticos y sobre todo africanos fue notable. Cuba es miembro fundador del Movimiento de Países No Alineados y precisamente en este período su actividad fue tan relevante, que la llevó a celebrar la VI Cumbre en La Habana en 1979.

EL PROCESO DE REINSERCIÓN GRADUAL EN LOS AÑOS OCHENTA

América Latina entró en la década de los años ochenta con una situación económica abocada a la crisis, un subsistema de dictaduras militares en descomposición y una acumulación de problemas sociales originadores de movimientos populares armados, cuyo terreno más fértil fue el área de Centroamérica. En fecha tan temprana como 1982 estalló la crisis de la deuda externa.
El escritor mexicano Alfredo Guerra Borges describió la situación a partir de un conjunto de interacciones:

"La experiencia de los años ochenta reveló la fuerte interacción de diversos componentes en la crítica situación de América Latina y el Caribe. La cadena de interacciones vinculó la exportación con el pago de la deuda externa, la caída del ingreso de exportación con la dificultad para cubrir el servicio de la deuda, los problemas de pago con la interrupción del financiamiento externo, la interrupción del financiamiento con la caída vertical de las importaciones, la contracción de las importaciones con la recesión, y la recesión con la intranquilidad social" (3).

Las relaciones cubano-latinoamericanas entran en los años ochenta en un punto realmente bajo, originado entre otros factores por el proceso que en Cuba dio lugar a una salida masiva de cubanos por el puerto de Mariel. En medio de esos hechos se generaron situaciones conflictuales con sedes diplomáticas latinoamericanas en La Habana -Perú, Venezuela y Ecuador-, que en la práctica significaron el cese de las relaciones bilaterales.
La coyuntura de la guerra de las Malvinas posibilitó a algunos gobiernos de la región, una revisión de sus relaciones con Cuba, estimulados por la activa campaña de solidaridad con Argentina desplegada por el gobierno cubano y el respaldo brindado desde la tribuna del Movimiento de los Países No Alineados. A este primer factor, que contribuye a la conformación de un pensamiento en torno a la búsqueda de la reinserción de Cuba en la comunidad regional, se suman otros dos de suma importancia, que se exponen seguidamente.

El estallido de la crisis centroamericana generó un elevado clima de inseguridad regional para los países limítrofes.
Para México el área era de reconocida importancia, aspecto que se reafirma con la intención de la nación de buscar mayores espacios a nivel internacional. El interés mexicano coincide con el de otros países influyentes en la Cuenca del Caribe, como Venezuela y Colombia, comenzando acciones individuales con el ánimo de encontrar soluciones negociadas a los problemas. A ellos se sumó un actor regional de influencia coyuntural, Panamá debido al dinamismo político de Omar Torrijos. De una forma u otra, todos participaron en un exitoso proyecto que marcó un hito en las relaciones interamericanas. En junio de 1979, los países latinoamericanos se opusieron, mayoritariamente, a una resolución norteamericana para intervenir en el conflicto militar en Nicaragua e impedir el triunfo sandinista. El esquema de diplomacia multilateral regional aplicado, sirvió de base para la concertación posterior del llamado Grupo de Contadora. Hay que decir que el nuevo mecanismo se gesta facilitado por la crisis en que fue sumido el Sistema Interamericano, como resultado de la posición adoptada por Estados Unidos durante la Guerra de las Malvinas.

Por tanto hay que insistir en que es un mecanismo latinoamericano, no sólo alternativo al inoperante sistema diseñado por Estados Unidos, sino también a la opción militar aprobada por la administración de Reagan, para la crisis centroamericana.
El otro factor a mencionar es el proceso de democratización regional que se inicia en Sudamérica, con una relativa independencia inicial de la política norteamericana sobre el tema (4). Ello creó mejores condiciones internas en países como Argentina, Brasil, Uruguay y Perú, para proyectarse regionalmente, evidenciándose una tendencia a la "latinoamericanización" de sus políticas exteriores.

En medio de ese esfuerzo latinoamericano por preocuparse más de los problemas propios, el tema Cuba alcanza un escaño importante, al menos por dos razones: convocar al gobierno cubano a participar en la solución de los conflictos en Centroamérica -recuérdese la tesis norteamericana sobre el "expansionismo cubano- soviético" como responsable de la crisis en el istmo-, y avanzar en el fortalecimiento de las relaciones interestatales, como paso importante para establecer un canal de comunicación entre ambas partes. A partir de 1983, Cuba normaliza y restablece relaciones con Bolivia, Argentina, Uruguay, Ecuador, Perú y Brasil, y se establecen vínculos diplomáticos a nivel consular con Chile. Pero más allá de los vínculos oficiales hay contactos oficiosos con otras cancillerías latinoamericanas y caribeñas.

Un problema clave que tuvo que enfrentar América Latina a la hora de relacionarse con Cuba, fue el hacer compatibles las relaciones estatales y aquellas de carácter partidista que con tanta fuerza ha sostenido la isla. No puede olvidarse que un principio básico de la política exterior cubana ha sido la solidaridad con las organizaciones revolucionarias y los partidos políticos considerados de izquierda. Sin embargo, el cambio en la situación política de muchos países de la región. así como la experiencia extraída de las décadas anteriores, propiciaron un enfoque maduro y realista que defiende la compatibilidad de ambos tipos de relaciones. Respondiendo a una periodista sobre este problema, el Presidente Fidel Castro afirmó:

"Tampoco oculto que la Cuba revolucionaria ha brindado su solidaridad activa a otros revolucionarios latinoamericanos en países donde - como la Nicaragua de Somoza - toda acción democrática y toda posibilidad de protesta que no fuera la lucha armada, estaba cancelada por un brutal terror."
"No oculto tampoco que cuando un grupo importante de países de América Latina, actuando bajo inspiración y guía de Washington, no sólo trataron de aislar políticamente a Cuba, sino que la bloquearon económicamente y contribuyeron a las acciones contrarrevolucionarias con que se pretendió derrotar a la Revolución, nosotros respondimos en legítima defensa, ayudando a todos los que en aquellos años quisieron luchar contra tales gobiernos..."

"Pero de la misma manera, puedo asegurar categóricamente -y desafío a quien intente demostrar lo contrario que ningún gobierno que haya mantenido relaciones correctas y respetuosas hacia Cuba en la América Latina, ha dejado de tener a la vez el respeto de Cuba". (5)
En lo que respecta a Centroamérica, el gobierno cubano se consideró, en todo momento, un actor secundario en la crisis, sin capacidad ni disposición para participar militarmente en los conflictos, aspecto que habría propiciado el pretexto para una intervención norteamericana. Sin negar su apoyo a los movimientos guerrilleros, colaboró activamente con los grupos de Contadora y Apoyo. Cuando el gobierno sandinista emprendió el camino de las negociaciones, Cuba respetó y apoyó esa decisión.

En diciembre de 1989, el entonces Secretario General de la ONU, Javier Pérez de Cuéllar, propuso la participación de Estados Unidos, la Unión Soviética y Cuba en un proceso de negociación para alcanzar la paz en Centroamérica. Pérez de Cuéllar estableció un paralelo con las negociaciones en torno a Angola y Namibia, pero las diferencias entre ambos escenarios eran notables.
Estados Unidos no tenía una influencia decisiva en el Africa Austral, mientras que Cuba y la Unión Soviética, sí alcanzaban una presencia sólida. A diferencia de Centroamérica donde los gobiernos de El Salvador, Honduras, Costa Rica y Guatemala actuaban alineados con Estados Unidos, el régimen sudafricano hizo fracasar la política de "compromiso constructivo" diseñada por Washington. Por su parte Cuba sí tuvo un papel protagónico en Africa y el balance de su gestión es altamente positivo para las autoridades de La Habana, considerando la victoria militar, la experiencia acumulada en acciones combativas y la contribución a la independencia de Namibia. Mientras que en Centroamérica, sólo contaba con un grupo de asesores militares en Nicaragua que se retiraron a petición del gobierno de ese país.

A pesar de esa realidad, Cuba y la Unión Soviética se mostraron dispuestas a colaborar en la propuesta, pero el embajador norteamericano ante la ONU Thomas Pickering, planteó que su gobierno no había decidido una respuesta. A los pocos días Estados Unidos intervenía militarmente en Panamá.
Además del apoyo cubano en la búsqueda de una solución pacífica en Centroamérica, se planteó la posibilidad de reincorporar a Cuba a la OEA. En la Cumbre del Grupo de los Ocho efectuada en Noviembre de 1987 en Acapulco, el entonces Presidente mexicano Miguel de La Madrid, planteó la necesidad del reingreso de Cuba a la OEA, como paso indispensable para alcanzar la unidad latinoamericana.

Respondiendo a un periodista sobre esa eventualidad, el Presidente Fidel Castro manifestó que, "si nos hacen un llamado de incorporarnos a la OEA y los gobiernos latinoamericanos consideran que es útil, nosotros estaríamos en disposición de incorporarnos a la OEA" (6).
Las palabras del dirigente cubano muestran el espíritu de concertación política, más allá de las históricas percepciones cubanas acerca de ese organismo regional. Pero la oposición de Estados Unidos ha sido invariable. En la XIX Asamblea General de la OEA (noviembre de 1989), para contrarrestar el criterio de algunos representantes latinoamericanos, la delegación estadounidense se opuso al eventual reingreso de Cuba. En un memorándum elaborado por el Departamento de Estado se insistió en la necesidad de que Cuba cambiara su conducta interna y externa, pues mantenía la misma posición que había conducido en 1962 a su expulsión de la OEA. En otra de sus partes, el documento afirmaba que Cuba había rechazado la glasnot y la perestroika, optando por un modelo stalinista, y se insistió en que para que la Isla fuera aceptada, tenía que asumir los cambios fundamentales que ocurrían en las sociedades socialistas de Europa.

LA CAÍDA DEL SOCIALISMO EN EUROPA Y SU IMPACTO EN LAS RELACIONES CUBANO-LATINOAMERICANAS

Mucho se ha hablado acerca de las grandes afectaciones que ha originado a Cuba, la caída de los gobiernos socialistas de Europa Oriental y la posterior desintegración de la Unión Soviética. En el plano político, la afectación ha sido enorme, debido no sólo a las implicaciones directas para Cuba, en cuanto a quedar sin el apoyo de sus principales aliados, sino también indirectas, por las repercusiones en el mundo en desarrollo y el alarmante desbalance global internacional de fuerzas. En el ámbito económico, los efectos han sido catastróficos, por los niveles de dependencia establecidos respecto a los mercados socialistas, definiéndose por parte del gobierno cubano la conformación de un doble bloqueo a la isla, al adicionarlo al impuesto por Estados Unidos hace ya más de treinta años.

Según cifras oficiales el país ha perdido el 70% de su capacidad de compra, que cayó de 8139 millones de dólares en 1989, a 2200 millones en 1992 . (7)
Como en todas las esferas de la vida nacional, la política exterior cubana ha sufrido cambios importantes, reacomodándose sus prioridades y objetivos en torno a dos grandes temas: la defensa de la independencia y la soberanía nacional frente a la hegemonía norteamericana y la consolidación de la identidad latinoamericana del proyecto político cubano.

En ese primer gran tema están contenidos aspectos cruciales como la defensa del sistema socialista, sobre la base del carácter nacional del pensamiento revolucionario cubano, la defensa de su integridad territorial y los esfuerzos político-diplomáticos por hacer menos desequilibrado el mundo actual. A este último aspecto responden la búsqueda de una revitalización del Movimiento de los Países No Alineados, así como la democratización de la Organización de Naciones Unidas.

El segundo gran tema expresa la intención del gobierno cubano de reafirmar el latinoamericanismo, como principio básico de su política exterior bajo nuevas condiciones históricas. Los enemigos de Cuba han querido ver en esta decisión una intención oportunista de La Habana, para buscar alternativas a la pérdida de sus aliados. Sin embargo, al margen de lecturas ideologizadas, se sabe que América Latina no tiene la capacidad real para convertirse en una opción económica para Cuba. Lo que sí resultan evidentes las nuevas posibilidades que se abren para las relaciones cubano-latinoamericanas, para dar continuidad, en mejores condiciones, al proceso de reinserción gradual de la isla.

Existen al menos cuatro factores que ayudan a comprender en América Latina, la posibilidad de continuar profundizando los vínculos con Cuba.

Primero: Las relaciones estatales del gobierno cubano con sus vecinos, muestran ya una experiencia acumulada en el sentido del respeto con que son observadas, así como la importancia que se le conceden, aspecto que se evidencia con el nombramiento de embajadores en la región, de gran conocimiento y prestigio como Jorge Bolaños, José Fernández de Cossío y Oscar Brugueras, por sólo citar algunos.

Segundo: La no existencia de dificultades en aquellos temas tradicionales de conflicto tales como movimientos guerrilleros y partidos políticos con una ideología cercana a la Revolución Cubana, en un contexto en que, por otra parte, las fuerzas de ese signo en el subcontinente están acometiendo un proceso de revisión crítica, para enfrentar la nueva realidad internacional.

Tercero: La posición constructiva asumida por Cuba en problemas de interés mutuo como Centroamérica, su eventual reingreso en la OEA, con los costos políticos que ello implicaría al tener que aceptar los principios que rigen esa organización, o las votaciones en Naciones Unidas, donde las presiones de Estados Unidos son conocidas.

Cuarto: La flexibilidad asumida por el gobierno cubano para desarrollar sus relaciones con los países de la región se observa tanto en el plano económico como político. Con la intención de insertarse en el proyecto de integración regional, Cuba ha planteado la puesta en marcha de producciones cooperadas en ramas específicas como la biotecnología y propuso por otra parte desarrollar sus vínculos comerciales sobre la base del trueque.
Durante su estancia en Brasil, invitado a la toma de posesión del Presidente Fernando Collor de Mello, -el mandatario cubano Fidel Castro expuso a un periodista, su concepción sobre el intercambio comercial.

"Las perspectivas de las relaciones con Brasil son amplias y, como tú dices, ha crecido muchas veces el comercio como la espuma, a partir de nuevos productos que el país está exportando y de una política que hemos seguido: les hemos planteado a los brasileños que todo lo que ellos nos compren a nosotros, sobre todo en cuestiones de medicamentos, vacunas, etc., nosotros se lo compramos en productos brasileños. Es un trueque sin trueque; un trueque a base del compromiso que nosotros mismos hicimos. Les dijimos: no se preocupen por las divisas, que nosotros no les vamos a costar a ustedes una sola divisa, todo lo que ustedes nos compren, vamos a ponerlo en una cuenta especial, y en las mismas cantidades le compraremos productos a Brasil" . (8)

Por otra parte, en términos políticos se destaca la movilidad de las relaciones del plano gubernamental a otros estaduales o provinciales, hecho que en la práctica, además de agilizar los contactos, reduce el nivel de presión que sobre los gobiernos centrales ejerce Estados Unidos, con la finalidad de aislar a Cuba de sus vecinos.
Las esferas de la salud, la educación, la cultura y los deportes se han convertido en canales permanentes de comunicación entre ambas partes, por la repercusión en América Latina de los avances obtenidos por Cuba en esos terrenos.

También hay que considerar las complejidades del actual escenario regional. Recuérdese que los años ochenta fueron bautizados como la "década perdida", por el notable retroceso sufrido en el orden económico por los países latinoamericanos. La alternativa fue la aplicación de políticas económicas neo-liberales con un alto costo social y un reforzamiento de la vulnerabilidad externa.
Buscando equilibrar su posición ante Estados Unidos, las naciones latinoamericanas han insistido en sus esfuerzos de concertación política, principalmente el Grupo de Río, como una vía para canalizar mediante la negociación los conflictos en la región. Pero la experiencia de los años ochenta debe ser superada, ya que el esfuerzo inicial en torno a la crisis centroamericana no prosperó, ni tampoco aquellos para buscar soluciones al estigma de la deuda externa.

En estos momentos, América Latina tiene retos muy importantes que enfrentar, como la defensa de los gobiernos democráticos y los problemas globales como el narcotráfico y el medio ambiente.
En lo que a Cuba respecta, un proceso que viene a favorecer su reinserción es la conformación de un foro iberoamericano de debates, que se apresta a celebrar su Tercera Cumbre anual en Bahía, Brasil. Indudablemente esos eventos contribuyen a legitimar la presencia de Cuba, pero no han podido sustraerse a los enfoques de Estados Unidos y sus aliados.

Es interesante como las presiones sobre Cuba que engloban dos exigencias fundamentales: apertura democrática con pluripartidismo y la adopción de una economía de mercado, han debido transitar por diversas interpretaciones de la realidad cubana. Inmediatamente después de los cambios políticos ocurridos en Europa Oriental y la URSS, se comenzó a poner plazos para la caída del gobierno cubano, insistiéndose en la inevitabilidad de ese desenlace. Al no cumplirse esa profecía se alargó la vida a esta percepción introduciendo como elemento el "factor tiempo". Sin embargo, esa hipótesis ha tenido que abrir el espacio a una realidad, dada por la evidencia de que las soluciones a la situación cubana, no están en el exterior sino en el ámbito nacional. A ese convencimiento llegó el escritor colombiano Gabriel García Márquez, quien entrevistado por el diario Folha de Sao Paulo afirmó:

"Lo primero que Cuba precisa conseguir es la suspensión del bloqueo de Estados Unidos y entonces desaparecerá un condicionador absolutamente excepcional que ya dura 30 años y que nos impide saber cómo sería Cuba y cómo puede ser Cuba /.../ Al contrario de lo que se piensa por aquí, Fidel no va a caer, el ejército no va a derrocarlo, no va a haber un levantamiento popular. Cuando se den cuenta de que no sucederá algo así, tendrán que pensar en otras fórmulas y estoy seguro que esas fórmulas surgirán dentro de Cuba".

El caso de Cuba se encuentra en un momento sumamente interesante en el cual de una parte, está planteado el proceso interno denominado de perfeccionamiento de la democracia y de otro, ya en un plano externo, ha tenido efecto un cambio de administración en Estados Unidos. Esta situación puede propiciar un proceso de acercamiento entre ambos países, aspecto que indudablemente eliminaría los obstáculos para una reinserción definitiva de Cuba en la región.
Sobre el primer aspecto es indispensable que tanto en América Latina como en Estados Unidos, se perciba un cambio positivo en el sistema político cubano, unido a otro factor de carácter económico: la estimulación a los capitales externos para invertir en la isla, como un proceso de cambios que expresa una voluntad nacional y el convencimiento de vivir en una nueva realidad internacional.

En cuanto al segundo, se requiere que la administración de Clinton anteponga el realismo a la ideología y se desentienda de una política anti-cubana, bien estructurada y profundizada en los años ochenta con la acción concertada por el gobierno estadounidense, con el poderoso sector de la extrema derecha de la comunidad de exiliados de Miami.

ALGUNAS CONSIDERACIONES FINALES

Cuba no es una prioridad para la política exterior norteamericana, pero a nivel hemisférico reúne todas las condiciones para llamar la atención de la administración Clinton, sobre todo en temas tan sensibles para el nuevo gobierno como la democracia y los derechos humanos. De ahí que estén colocados en el centro de los debates sobre Cuba, sirviendo de argumentación al reforzamiento de las medidas del bloqueo económico contra la isla, en un contexto en el cual, las presiones ejercidas por Estados Unidos en la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, tienden a incrementarse.

A las presiones oficiales que reciben los países latinoamericanos por parte de Estados Unidos, se suman las gestiones que realizan las organizaciones más derechistas de la Comunidad Cubana en el exterior, con aquellos gobiernos de la región que sostienen mejores relaciones con Cuba, buscando el cese de esos vínculos.
De lo expuesto se deduce que el avance del proceso de reinserción de Cuba en la Comunidad Regional pasa inevitablemente, al menos, por una mejoría de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos. Por mucha voluntad política que tengan los gobiernos de la región, la hegemonía hemisférica estadounidense impone límites que para sobrepasarlos, tendría que ocurrir una ruptura de los patrones de dependencia y subordinación establecidos.

Pero sería un error creer que América Latina no puede hacer nada, por cuanto la defensa de un nivel de relaciones con Cuba es, de hecho, un paso importantísimo para hacer pensar en la solución del problema. Esa es la opción que defienden países de la región como México, Venezuela y Brasil, porque en ella va explícita la defensa de su independencia y soberanía nacional.

CITAS Y NOTAS REFERATIVAS

1. Maira, Luis. "Los factores internacionales y las perspectivas democráticas de América Latina en los años ochenta" . En: América Latina 80: Democracia y Movimiento Popular. Perú : DESCO. Centro de Estudios y Promoción del Desarrollo, 1981. p. 168.

2. Américas. No.9 USA, 1975, pp. 42-44.
3. Guerra-Borges, Alfredo. "El presente y la historia: reflexiones introductorias a una teoría de la integración de América Latina" En: Problemas del Desarrollo. XXI(80), enero-marzo 1990, p. 197.
4. Oliva Campos, Carlos. "Estados Unidos y el proceso de democratización en América Latina". CESEU, 1992.
5. Entrevista concedida por el Presidente Fidel Castro a Patricia Sethi. En: Bohemia, 6 de febrero de 1984.

6. El regreso de Fidel a Caracas. Rueda de Prensa Ediciones de la Biblioteca de la Universidad Central de Venezuela. Caracas, febrero de 1989, p.6.
7. "Comparecencia de Carlos Lage en el Programa Hoy Mismo. En: Granma, martes 10 de noviembre de 1992, p. 3.
8. Fidel en Brasil. Selección de Intervenciones. Editora Política, La Habana, 1990, p. 158.

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  • Publicación: Enfoques
  • Número: 10
  • Año: 1993
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