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Miércoles, 23 de Mayo de 2018
Política
Seguridad hemisférica: los retos de la responsabilidad compartida
  • Dra. Isabel Jaramillo Edwards
Para lograr un sistema de seguridad que responda a las necesidades hemisféricas en la perspectiva del siglo XXI,es preciso la integración, sostiene este ensayo de 1999.

I. EL ENTORNO GLOBAL

El conflicto Este/Oeste ha desaparecido como factor definitorio y confrontacional. El actual contexto internacional en transición se caracteriza, en los términos más generales, por la globalización, la formación de bloques regionales y la interdependencia. En el contexto de la globalización se suscitan contradicciones, tensiones y conflictos de intereses cuyos efectos se harán sentir de una manera especialmente aguda en los países del Sur.

El unipolarismo militar y la hegemonía estadounidense son característica de esta etapa, donde el multipolarismo se perfila como tendencia en un escenario global que se reordena.

Los conceptos de seguridad - en este nuevo entorno internacional caracterizado por la transición - estarán estrechamente ligados y vinculados a factores económicos y sociales. Con el argumento de la transnacionalización de los temas de seguridad se intenta desarrollar algunas políticas atentatorias contra los legítimos intereses soberanos de los países, lo cual es un elemento creador de inseguridad.

II. EL HEMISFERIO OCCIDENTAL

La política de Estados Unidos en el hemisferio occidental, desde fines del siglo XVIII, se ha caracterizado por diferentes grados de atención e intervencionismo a partir de enfoques geopolíticos (1). La tendencia actual de la política exterior estadounidense en el hemisferio es el desarrollo de un neo-monroísmo, en un contexto asimétrico. América Latina y el Caribe no son una prioridad y se enfocará la relación desde una perspectiva que tiende básicamente al unilateralismo, aunque Estados Unidos prestará atención principalmente a países, o temas, que representen una amenaza ya sea por cercanía geográfica o a partir de un razonamiento estratégico vinculado a su seguridad. La agenda de política exterior de Estados Unidos está dominada por la política interna. Los problemas serán percibidos como más "cercanos" en la medida en que se relacionan con la política doméstica (2) y está sesgada por un evitar comprometer su autonomía e intereses globales, excepto cuando la política doméstica impone un compromiso inevitable (3).

El multilateralismo en el hemisferio está representado por el Sistema Interamericano (OEA, TIAR, JID, etc.) en remodelación, la Cumbre de las Américas como proyecto alterno y paralelo de Estados Unidos y tal vez, eventualmente convergente. El peso de los Estados Unidos en ambas instancias es indiscutible : en el caso del primero, se perfila como una instancia que no utilizará para resolver sus problemas hemisféricos, y de la cual América Latina desconfía por el peso del papel estadounidense; la segunda, en fase de desarrollo, refleja la gama de contradicciones tanto de la política interna estadounidense y de la política externa, en lo que se refiere al hemisferio. Los procesos de integración regionales y subregionales, por su parte, añaden dinámicas propias al contexto, en la perspectiva del reposicionamiento en el nuevo entorno internacional.

En el caso de la seguridad hemisférica nos encontramos con un escenario en el cual Estados Unidos intenta readecuar el esquema de seguridad en las nuevas condiciones internacionales. El Sistema Interamericano, se ha ido desplazando desde una lógica de defensa común (TIAR, etc.) a la de una seguridad común. De hecho, el papel de Estados Unidos en este contexto de definiciones es primordial y determinante. América Latina y el Caribe intentan aprovechar los espacios posibles, en la perspectiva de ampliarlos en la lógica de sus propios intereses. Entre los factores que obstaculizan que el Sistema Interamericano (OEA) funcione como una vía importante para la solución de conflictos en América Latina y el Caribe está la tendencia del gobierno de Estados Unidos a actuar unilateralmente, ignorando tanto a las organizaciones multilaterales y los intereses de otros países. El peso del papel predominante que juega en el Sistema, impide que la parte latinoamericana y caribeña confíen en la voluntad estadounidense para implementar equilibradamente los intereses nacionales de todas las partes involucradas en el mismo.

Para América Latina y el Caribe las prioridades son la integración económica y política. En el caso de Estados Unidos, se trata de manejar ambos temas de forma que sean coherentes con sus intereses. La integración hemisférica debiera tener como objetivo central el desarrollo ascendente. El ALCA, a pesar de su carácter de propuesta hegemónica, debería tender de alguna forma a equilibrar y considerar las preocupaciones - por ejemplo - de las pequeñas economías del continente, afectadas por las contradicciones entre la forma en que operan globalmente los mercados y las condiciones productivas de las regiones al interior de los países, esto es a escala nacional. Algunas de estas consideraciones, fueron incluidas finalmente en algunos de los puntos del Plan de Acción aprobado en la II Cumbre de las Américas, realizada en Santiago de Chile en abril de 1998, como resultado de un sostenido ejercicio diplomático previo de las pequeñas economías del área caribeña. Así, se plantea que se continuará apoyando los esfuerzos que llevan a cabo los pequeños estados insulares para atender sus preocupaciones especiales de seguridad, las cuales incluyen, desde una perspectiva multidimensional, aspectos económicos, financieros y medio ambientales, tomando en cuenta su vulnerabilidad y nivel de desarrollo (4). Habría que ver en qué medida estas consideraciones no son una formalidad y el tratamiento preferencial solicitado por la pequeñas economías es integrado permanentemente en las negociaciones futuras de ALCA (5).

Desde el punto de vista de Estados Unidos, cabe considerar el enfoque y el estado del debate interno en torno a la política exterior, sobre todo con respecto al multilateralismo y al regionalismo y también en cuanto al accionar unilateral y al uso de sanciones (6), de forma de poder determinar la medida en que posturas oscilantes generalmente asociadas al proteccionismo norteamericano pueden afectar intereses nacionales y/o intereses comunes a subregiones o regiones fuertemente marcadas por la asimetría.

Desde la perspectiva multilateral, cabe señalar que los esfuerzos regionales deben complementar el sistema multilateral, que es tan importante para la economía global, en la perspectiva de una sola área global de libre comercio con reglas multilaterales aprobadas por todos los participantes y con capacidad de refuerzo (7). Desde la óptica regional, el esfuerzo mancomunado y el fortalecimiento de los procesos integracionistas regionales es son vitales para los países en desarrollo de forma que su inserción multilateral sea favorable a sus intereses. En este contexto se inscribe el diferendo entre Estados Unidos y la Unión Europea en la OMC con respecto a leyes extraterritoriales (8) que introducen elementos unilaterales como la Helms-Burton, que afecta a las inversiones en Cuba y la D'Amato-Kennedy, en el caso de Irán y Libia (9). La arbitrariedad en el uso de sanciones unilaterales, como tendencia en la política exterior de Estados Unidos sólo contribuye a crear tensiones y es contradictoria con la declarada intención de cooperación manifestada por la administración de Clinton.

La agenda del fin de la década - en la que se suceden transformaciones en todos los niveles -incluye retos cuya solución debiera insertarse en un verdadero multilateralismo -caracterizado por una ampliación de la participación para evitar las actuales carencias en el terreno de la democracia (10) - cuestión que implicaría un marco favorable para la cooperación en todos los ámbitos.

III. LA AGENDA DE SEGURIDAD

El panorama de seguridad hemisférica se inserta en el contexto general de la recomposición de las relaciones internacionales. Desde el punto de vista de Estados Unidos, el nudo del problema en términos de seguridad es la amenaza que representa la inestabilidad (11). En cuanto a la política de defensa, el objetivo es la estabilidad y la cooperación regional (12). Estados Unidos intenta remodelar el esquema de seguridad en las nuevas condiciones internacionales y es en este contexto que se ha reformulado paulatinamente el Sistema Interamericano y las instancias de concertación hemisféricas y también integracionistas, en general. La seguridad hemisférica en los 90s se articula en torno a un eje central general: la democracia y el mercado. La democracia representativa ha logrado un consenso en el hemisferio, cuestión que implica que el tema de la seguridad se va a asociar con la mantención de la "institucionalidad democrática" y las amenazas a la misma. El condicionamiento implícito en la cláusula de la democracia representativa funcionará como un elemento potencialmente coercitivo en un contexto hemisférico donde las características y pluralismo del ejercicio democrático varían considerablemente. La gobernabilidad será un elemento central de esta lógica.

La agenda de seguridad está sesgada por convergencias y contradicciones entre Estados Unidos, como potencia hegemónica, y América Latina y el Caribe. Son comunes los temas de la droga y el narcotráfico, la corrupción, el terrorismo, los problemas del medio ambiente, la migración, la no-proliferación de armamento avanzado, la seguridad nuclear, las medidas de confianza mutua, la gobernabilidad y la estabilidad. En el terreno militar los temas principales se relacionan con el rol y la modernización de las fuerzas armadas, las relaciones cívico-militares, la participación en operaciones de mantenimiento de la paz de la ONU y la participación de las fuerzas armadas en la lucha contra el narcotráfico. Inciden también problemas de antigua data y aquellos derivados de la integración (fronteras, aduanas, etc.)

Durante más de cien años el razonamiento medular que ha guiado la política de Estados Unidos en América Latina y el Caribe no ha variado substancialmente en cuanto a intereses, enfoque geopolítico y económico. En la post-guerra fría sí han variado: los temas y la escala de prioridades de la política exterior norteamericana; el discurso y los instrumentos de dicha política en la consecución de sus objetivos, el nivel de desarrollo político, económico y social de los países del área, a lo cual se agrega un sistema interamericano en crisis, que se intenta recomponer (13) y una articulación con los sistemas de seguridad subregionales en la perspectiva de una mejor división del trabajo en el terreno de la seguridad en la región.

En el terreno multilateral, la II Cumbre de las Américas, incluyó temas como terrorismo (14), el fomento de la confianza y seguridad entre los estados (15), el aumento de la cooperación con los esfuerzos de mantenimiento de la paz de la ONU, el apoyo al desarrollo de programas de cooperación para enfrentar desastres naturales y operaciones humanitarias de búsqueda y de rescate. El fortalecimiento del diálogo regional con miras a revitalizar y fortalecer las instituciones del Sistema Interamericano, tomando en cuenta los nuevos factores políticos, económicos, sociales y estratégico-militares en el hemisferio y en sus subregiones, fue un aspecto central, así como el compromiso para que la solución pacífica de los conflictos y de las controversias pendientes se alcancen por medio de los mecanismos de solución pacífica existentes dentro del Sistema Interamericano y con apego al derecho internacional y a los tratados vigentes (16) y expresaron la conveniencia de fortalecer dichos mecanismos e instrumentos.

El rol fiscalizador que se supone asuma el Sistema Interamericano reformulado, en la perspectiva de una seguridad común en el fin de siglo (17), es evidente y no está exento de problemas, principalmente en lo que se refiere a los intentos de Estados Unidos de hegemonizar la remodelación del esquema de seguridad y su tendencia a actuar unilateralmente, y los problemas para América Latina y el Caribe, en cuanto a lo relacionado con la cesión de soberanía a una organización internacional en la que Estados Unidos tiene un control predominante. En este contexto, se destacan las posturas diferenciadas de Canadá y México, entre otros, que son relevantes en cuanto a lograr un balance de poderes en el seno del sistema hemisférico.

La lógica general e intención declarada de la política exterior de Estados Unidos en el hemisferio - expansión de la democracia y del mercado - tiene características específicas y puntuales según el caso de que se trate (18). El manejo de los temas será coherente con los intereses estadounidenses y los costos políticos y sociales son asumidos como necesarios en la perspectiva de los beneficios a obtener. La relevancia de México, como frontera y socio comercial en el TLC, donde los temas centrales - además de la economía - son la migración y el narcotráfico, se inscribe en esta lógica.

La política exterior de Estados Unidos hacia la Cuenca del Caribe, adaptada por supuesto a las nuevas condiciones globales, conserva en su matriz el enfoque geopolítico -A.T. Mahan y la lógica del mediterráneo americano (19) - y la concepción de las esferas de influencia. Cabe destacar que la XIX Conferencia Naval Interamericana, realizada inmediatamente después de la clausura de la II Cumbre de las Américas, contó con una agenda de temas con referentes indudablemente mahanianos, entre ellos cuestiones como los ejércitos, el comercio y las rutas futuras (20). La presencia de la competitividad agresiva en el comercio mundial a la que se refirió A.T. Mahan (21), hace un siglo, es evidente. Los intereses económicos - que antes y durante la II Guerra Mundial se tradujo en la protección a las inversiones norteamericanas y de las fuentes de materias primas - a fines de los 90s se enfoca a partir de la subordinación integrada a partir del TLC y del ALCA, que básicamente responden a las necesidades del mercado norteamericano y que en el caso del Caribe - por tratarse de economías pequeñas y abiertas, resulta en un tensionamiento social y económico.

En la Cuenca del Caribe, Estados Unidos reformula sus prioridades, que básicamente se relaciona con la inestabilidad, la migración y el narcotráfico. El esquema de seguridad desarrollado - y que se continúa perfeccionando - se orienta a enfatizar la integración económica subordinada y los temas relacionados con la migración, el narcotráfico y el mantenimiento de la paz en la región, de forma de poder dar a los mismos una respuesta regional articulada de la cual no están ausentes las medidas unilaterales y el neo-intervencionismo. La integración del Caribe en el terreno de la seguridad con los Estados Unidos es bastante avanzada si consideramos el Regional Security System (RSS) y los Shiprider Agreements en torno al control del narcotráfico. En el caso de este último, Barbados y Jamaica establecieron incisos puntuales derivados de preocupaciones relacionadas con la soberanía y los despliegues norteamericanos en sus aguas territoriales. La colaboración en este terreno se establece como una necesidad práctica derivada de la falta de recursos, entre otros (22). Cabe la posibilidad de que este acuerdo se haga extensivo, además, a América Central. En el terreno económico, el Caribe ha planteado, como problema de seguridad nacional, la eliminación de las condiciones preferenciales al banano en el mercado internacional (23). La seguridad de los pequeños estados del Caribe (24) se enmarca en un contexto dual donde tiene un peso especifico por un lado, la subordinación en el ámbito económico internacional y por otro, la reafirmación de los propios intereses de cada país. Una alternativa sería una integración regional, a lo largo y ancho del Caribe, que permitiría a la región en su conjunto ejercer un papel activo desde posiciones fortalecidas. Tanto el CARICOM expandido como la AEC podrían orientarse en esta dirección en la perspectiva de una región potencialmente integrada lo cual mejoraría sus expectativas en lo interno y promovería una inserción eficiente en la economía mundial y facilitaría la participación activa y coordinada de la región en los foros multilaterales (25).

En lo que se refiere a Cuba, las percepciones van desde enfocarla como un elemento importante para la creación de un bloque estratégico regional en el Caribe a partir de su integración al CARICOM (26), proponer la regularización de su situación en el Sistema Interamericano, el intento - por parte de sectores cubanoamericanos ultra-conservadores - de reinsertar el tema de Cuba como una amenaza a la seguridad nacional para los Estados Unidos (27), hasta una relativa flexibilización reciente en la política de la administración de Clinton que, de hecho, no cambia substancialmente las características del conflicto Estados Unidos/Cuba. El hecho de que se intente reinsertar a Cuba como tema de seguridad nacional para Estados Unidos sentaría un precedente en extremo negativo para América Latina y el Caribe. La aprobación de iniciativas de este tipo implicaría establecer un precedente para iniciativas similares orientadas a "disciplinar" a países considerados inestables o a aliados díscolos. Un segundo aspecto es que se reforzaría el método de justificación burocrática para la agresión militar por parte de Estados Unidos, institucionalizado internamente a partir de una ley congresional, reformulando, de hecho, el intervencionismo.

En términos generales, dada la forma en que se está comportando la política exterior de Estados Unidos hacia Cuba, cabe pensar que la reintegración de Cuba se irá manejando por el lado latinoamericano y caribeño a partir de los temas periféricos, por los "bordes" (medio ambiente, narcotráfico, desastres naturales, lavado de dinero, etc.) con más o menos condicionamientos según sea la coyuntura política interna y externa para Estados Unidos. Es importante considerar que en el caso del Caribe, la reinserción de Cuba cobra especial importancia ya que se relaciona con la estabilidad regional ya que el conflicto Estados Unidos/Cuba es fuente de inestabilidad, y fortalecería la integración subregional.

Las exigencias que se hacen a Cuba para que modifique su postura "como precondición" para la reinserción en el Sistema Interamericano, de hecho obstaculiza iniciativas que pudieran darse en dicha dirección. Sin embargo, si se valorase como de interés para Cuba y si se concretase una voluntad política en el contexto del sistema, Cuba podría ser reintegrada al mismo a partir de un recurso técnico, de la misma manera en que fue marginada. Canadá y México, entre otros países, favorecerían dicha reintegración. El obstáculo principal está en los condicionamientos que se intentan imponer a la isla. El cese de la hostilidad de Estados Unidos hacia Cuba crearía un clima adecuado de confianza en el hemisferio.

En el caso del Cono Sur, "las principales amenazas tradicionales siguen manteniendo su acento en aspectos previos a la guerra fría, vinculados a los temas de la soberanía sobre el territorio nacional" (28), entre las cuales se encuentran: México/Guatemala (Chiapas); Guatemala/Belice (áreas fronterizas no delimitadas); Honduras/El Salvador (propiedad de la tierra, migración); Nicaragua/Colombia (islas de San Andrés y Providencia): Colombia/Venezuela (ausencia de limitación marítima en el Golfo de Venezuela, áreas fronterizas por acción guerrilla colombiana); Venezuela/Guyana (por Essequibo); Bolivia/Chile (salida al Pacífico); Argentina/Gran Bretaña (Malvinas); Chile/Perú (materias relacionadas con el Tratado de 1929); Chile/Argentina (delimitación Campo de Hielo Sur/Hielos Patagónicos); Ecuador/Perú (frontera de la Cordillera del Cóndor); Estados Unidos/Cuba (Base Naval de Guantánamo); Estados Unidos/Panamá (cumplimiento Tratados Torrijos Carter); Antártida (congelación de reinvindicaciones territoriales en este continente). Por otra parte, procesos de integración regional como MERCOSUR, implican un reordenamiento, del que no están ausentes los problemas de antigua data, derivados de enfoques geopolíticos (29).

En este contexto, el equilibrio de poderes se vincula con la estabilidad en Brasil, Argentina y Chile (30). En lo que se refiere a enfoque común en temas de defensa y seguridad, Chile se proponía plantear -en la Cumbre de MERCOSUR (más Chile y Bolivia) que se realizaría en Ushuaia (31) - extender el diálogo y el diseño de actividades que permitan tener un enfoque común en estas materias, especialmente en lo que se refiere a políticas de diseño e implementación de medidas de confianza mutua, cuestión que se relacionaba con la iniciativa de declarar al MERCOSUR "zona de paz". Otro de los temas que estará presente es la transparencia y verificación en el gasto estatal en defensa.

La reanudación de la venta de armas a América Latina por parte de Estados Unidos pasa por la selectividad implícita en la categoría de "aliados estratégicos". En lo que se refiere al gasto militar y modernización de las fuerzas armadas en América Latina, Chile tiene uno de los mayores presupuestos de defensa como porcentaje del PIB en América Latina (3.5%) (32).
En valores absolutos, el mayor presupuesto militar corresponde a Brasil (US$6.500 millones) seguido por Argentina (US$3.500 millones) y Chile (US$1.500 millones) (33). La diferenciación entre las legítimas necesidades de defensa - y por tanto de modernización de las fuerzas armadas - y una carrera armamentista es medular en la perspectiva de la seguridad y la paz en el hemisferio, así como también la consideración de aspectos relacionados con el control y la limitación de armamento.

La reanudación de la venta de armas a América Latina tiende a dividir y a provocar un desequilibrio estratégico en el continente. Del lado estadounidense el interés básico es satisfacer a sectores domésticos: la industria de la defensa, que necesita de mercados y con la cual la administración está en deuda a partir de las contribuciones recibidas para la campaña electoral, y a la vez, se premia a los aliados obsecuentes.
La posibilidad de un carrera armamentista venía perfilándose en América Latina desde mediados de los 90s. En lo que se refiere a las fuerzas armadas de América Latina es importante considerar las necesidades de profesionalización y modernización de las mismas y su supeditación al poder civil, cuestión que en el discurso de la administración de Clinton aparece como precondición para la venta de armas, que se insiste será a partir de una política ad-hoc. Las contradicciones creadas por la medida de la administración estadounidense entre Chile/Argentina, Brasil/Argentina (que tiene que ver con la competencia dentro de MERCOSUR y con el escaño en el Consejo de Seguridad de la ONU que correspondería a la región) (34), y en el contexto del conflicto y de los acuerdos de paz Ecuador/Perú, enrarecía el ambiente intra-hemisférico, desvía la atención -y eventualmente recursos- de los problemas del desarrollo y de la integración que son una prioridad para los países del hemisferio y vulnera la lógica de las medidas de confianza mutua, invocadas como elemento básico del esquema actual de seguridad hemisférica.

IV. COOPERACIÓN Y SEGURIDAD

La política exterior de Estados Unidos sigue siendo eurocéntrica. Aunque esto le resta atención a América Latina y el Caribe, al mismo tiempo da espacio para el desarrollo de políticas propias aunque condicionadas al código de conducta establecido. La falta de consenso en torno al valor de las organizaciones multilaterales para imponer un código de conducta internacional y resolución de conflictos, también daría espacio para propuestas alternativas del lado latinoamericano y caribeño.

El bajo perfil que Estados Unidos adjudica en su política exterior a América Latina y el Caribe tiene una significativa incidencia en lo que se refiere a las intenciones de una "nueva era de cooperación hemisférica". Los obstáculos derivados de la vinculación entre los problemas internos y la política exterior tienen un peso específico en la política interamericana como lo demuestran las dificultades relacionadas con la aprobación del fast-track en el Congreso, e indica al resto del hemisferio que no hay avances reales. Desde la perspectiva de América Latina y el Caribe, avances como los registrados en el MERCOSUR, en CARICOM (35), y otras instancias subregionales permiten lograr mejores condiciones para un eventual TLC y/o participación en ALCA.

En un ámbito multilateral -que aspira a la cooperación- se hace necesario considerar las contradicciones intra-hemisféricas que se dan en varios terrenos, como son:
- La definición de un concepto de seguridad coherente con la realidad y necesidades actuales y que considere los intereses de todas las partes involucradas. La reconceptualización de la seguridad implica la inclusión del tema económico, específicamente relacionado con la pobreza y la equidad como temas medulares (36) por parte de América Latina y el Caribe. Esta preocupación por la pobreza también está presente en las fuerzas armadas latinoamericanas. Cabe destacar que para Estados Unidos el vínculo entre desigualdad y seguridad es difuso y su enfoque está centrado en el mercado y el comercio en el continente en la perspectiva de ALCA.

- La droga, narcotráfico, lavado de dinero: en este terreno Estados Unidos ha impulsado la militarización de la lucha anti-narcóticos y la coerción por medio de la política de certificaciones. De la parte latinoamericana se rechaza el mecanismo de certificación como una injerencia en los asuntos internos y se dan opiniones divididas en cuanto a la participación de las fuerzas armadas en el enfrentamiento al narcotráfico y se argumenta que la producción será muy difícil de eliminar en tanto se mantenga la demanda y se plantean dudas en cuanto a si Estados Unidos está interesado en eliminar el narcotráfico o si se trata sólo de controlarlo. Hay oposición a la formación de un ejército multinacional con este objetivo y de hecho, las dificultades que se derivan de la propuesta de creación de un Centro Multinacional Antidrogas en Panamá, se relacionan con la posibilidad de que el mismo sea utilizado por Estados Unidos con otros objetivos que los oficialmente declarados (37). A esto se agregan medidas atentatorias a la soberanía con el argumento del enfrentamiento al narcotráfico. (38)

- La cooperación y las medidas de confianza mutua son un elemento importante en el actual contexto hemisférico. Tanto un aspecto como el otro no se corresponden con las medidas coercitivas unilaterales aplicadas en el caso de Cuba y otros países. Es el caso del ejercicio de coerción diferenciada que se ejerce también en el caso de Colombia en lo que se refiere a la droga, México, en los temas droga y migración, Chile en lo que se refiere al proteccionismo comercial en el caso del salmón, entre otros.

- Con respecto al medio ambiente, el enfoque del tema a partir de problemas comunes en un área geográfica compartida. En el caso de Venezuela y Guyana, por ejemplo, propuestas relacionadas con la protección del medioambiente se vinculan con el diferendo territorial por el Essequibo.
- En el terreno del tema de la corrupción cabe destacar que las medidas elaboradas deberían ser en la lógica de que cada sociedad diseña su propio sistema de integridad y que las decisiones no pueden ser impuestas desde fuera (coerción, certificaciones y extradiciones, como es el caso de Colombia), previniendo de esta manera la utilización del tema como medida de coerción unilateral, en tanto no se logre un sistema que funcione en un contexto multilateral democratizado. La Convención de OEA en contra de la corrupción firmada en Caracas en diciembre de 1995 parece haber creado más tensiones que consenso, por ejemplo.

- Desde América Latina se buscan alternativas al neoliberalismo, a partir de "modelos alternativos de capitalismos posibles". Desde esta perspectiva, la reinserción en la economía internacional pasa por: democracia, receptividad al capital internacional, economías abiertas con variaciones de país a país y respeto a la propiedad privada. Desde el punto de vista de Estados Unidos, esto lo obliga a enfrentar el proteccionismo en la industria farmacéutica argentina, en la industria de computación de Brasil, por ejemplo y desde su punto de vista se requiere de cambios en la forma de manejo de influencias en América Latina.

- Definición de la cooperación: En el terreno multilateral, hay quienes plantean que más que la OEA, en términos de definir la forma y el cómo de la cooperación, serán los grupos, regionales o subregionales ad-hoc (Grupo de Río, Grupo de los 3, Esquipulas) los que debieran primar, dado que sus objetivos son más claros. Se estima que los grupos pequeños tendrían una mayor capacidad de influencia para lograr concreciones al respecto.
En el terreno de la seguridad, y de aspectos derivados de las Cumbres de ministros de Defensa del hemisferio (Williamsburgh y Bariloche), los problemas que persisten como interrogantes y consecuentemente los retos a enfrentar.

- El primero se refiere al enfoque en torno a las percepciones de amenaza, donde se dan diferencias difíciles de conciliar en lo que se relaciona con la importancia de aquellas catalogadas como amenazas "no-tradicionales" (por ejemplo, la droga).
- Un segundo aspecto es la cuestión de las operaciones de mantenimiento de las paz y el enfoque de este tema, que se relaciona directamente con el rol de los militares. Estados Unidos y América Latina difieren en este enfoque (39). En el contexto de la aproximación al tema de la cooperación, se da un debate en la región en torno a la participación en operaciones de mantenimiento de la paz y también respecto a la creación de una fuerza multinacional de paz. El papel básico de las fuerzas armadas sigue siendo la defensa del territorio y de la soberanía nacional. En este sentido, la creación de una fuerza multinacional sería problemática, ya que implicaría un grado de selectividad, de integración tecnológica, de intereses nacionales diferenciados y de objetivos estratégicos que difícilmente serían compatibles con los conceptos de soberanía nacional y la autodeterminación. Cabe considerar que esta postura ya ha sido propuesta por los Estados Unidos, con diversos argumentos, entre ellos el narcotráfico, con la oposición de América Latina. La interrogante, en este caso, se relaciona con los objetivos que tendría una fuerza de este tipo, fuera de los oficialmente declarados. Eventualmente, el tema de los riesgos que representa la posibilidad de la privatización de la seguridad (40), es también un asunto a considerar.

- Por último, está la cuestión de los mecanismos para enfrentar estos temas en el nivel subregional y en el hemisferio.
En la medida en que se avance en la integración económica, paulatinamente se producirán mayores acercamientos en otros terrenos que no excluyen los temas vinculados a la seguridad y en el ámbito estratégico-militar en el hemisferio. De hecho, en la Cuenca del Caribe, han existido relaciones en este terreno que se caracterizaron durante la guerra fría por estar signadas por los presupuestos de la contención traducido en el contexto hemisférico por el Sistema Interamericano. Organizaciones sub-regionales de creación relativamente reciente como la Conferencia de Fuerzas Armadas Centroamericanas (COFACA), relacionada con los objetivos del Tratado Marco de Seguridad Democrática en Centroamérica (41) y la readaptación a las actuales condiciones de las organizaciones homólogas y o similares en el Caribe y la inter-relación/cooperación entre las mismas se inscriben en la tendencia mencionada inicialmente.

En el contexto multilateral, el debate de temas de seguridad refleja las diferencias en los enfoques e intereses involucrados. En este sentido, es relevante el debate en la Comisión de Seguridad Hemisférica de OEA, celebrada en Washington después del receso posterior a la Asamblea General, se dieron las principales divisiones (42) a partir de la formación de bloques en la lógica de intereses subregionales. El esquema de trabajo fue criticado en México, Ecuador y Colombia. El grupo del Caribe comparte muchos aspectos del esquema de Estados Unidos sobre la seguridad regional. El tenso trabajo dentro de la Comisión, por ejemplo en el caso de la Convención del Tráfico Ilícito de Armas Convencionales, reflejó los conflictos de intereses, básicamente entre Estados Unidos y América Latina y el Caribe.

La reformulación del Sistema Interamericano - que se lleva a cabo paralelamente a las propuestas de la Cumbre de las Américas ya que no son excluyentes sino complementarios - resulta en una resignación de funciones, que en el caso de OEA apunta a un rol fizcalizador en el hemisferio. Así, las cuestiones encomendadas a la OEA, a través de la Comisión de Seguridad Hemisférica, incluyen: realizar un análisis sobre el significado, alcance y proyección de los conceptos de seguridad internacional en el hemisferio, con el propósito de desarrollar los enfoques comunes más apropiados que permitan abordar sus diversos aspectos, incluyendo el desarme y el control de armamento; efectuar el seguimiento y profundización de los temas relativos a medidas de fomento de la confianza y seguridad; e identificar las formas de revitalizar y fortalecer las instituciones del Sistema Interamericano relacionadas con los distintos aspectos de la seguridad hemisférica (43), proceso que culminará con la realización de una Conferencia Especial sobre Seguridad, en el marco de la OEA, a efectuarse, a más tardar, a comienzos de la próxima década. (44)

Una consideración básica para que se lograse un sistema de seguridad que respondiese a las necesidades hemisféricas en la perspectiva del siglo XXI, es la necesidad de la participación de todos los países del continente, sin excepción, y en igualdad de condiciones, tanto en el debate en torno al tema como en la construcción del mismo. Como segunda consideración, aunque no menos importante, es que tanto el debate como la concreción de un diseño de seguridad hemisférico debería partir de la no existencia real de tratados que rijan la seguridad hemisférica, ya que con el fin de la guerra fría el TIAR ha pasado a la obsolescencia junto a las instancias que se derivaron de él. Esto implica enfocar los problemas desde nuevos presupuestos, donde prime la flexibilidad en un enfoque constructivo, orientado a una cooperación coherente con un multilateralismo donde los intereses de los estados y la identidad nacional sean considerados equilibradamente y se eliminen las intenciones y prácticas intervencionistas.

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  • Publicación: Enfoques
  • Número: 4
  • Año: 1999
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