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Miércoles, 23 de Mayo de 2018
Política
Dilemas de la integración
  • Por Lourdes M. Regueiro Bello, Investigadora del Centro de Estudios sobre América
Dilemas de la integración Jorge Luis Baños
Para Cuba la integración ha sido una prioridad en sus relaciones internacionales, como demuestra este artículo de 1995.

En la agenda cubana la integración económica y política de los países latinoamericanos y caribeños es considerada garante de la independencia, del desarrollo económico y social de la región y de la viabilidad histórica.(1)

En diferentes sectores políticos, económicos y académicos latinoamericanos, la posición de Cuba sobre integración es advertida como una posición ideológica; sin embargo, el fundamento de la posición cubana trasciende lo político e ideológico, con que comúnmente se le identifica, y coloca el tema en la dimensión del desarrollo. La acelerada internacionalización económica y los cambios operados en la economía internacional -vinculados a un nuevo patrón tecnológico y de organización empresarial-, hacen poco viable una solución estrictamente nacional a los problemas que enfrenta un país.

Hoy, estar conectado a los circuitos mundiales del comercio y de la inversión es una condición para el desarrollo, por lo que la integración, como una forma de concebir la inserción, forma parte de un proyecto de desarrollo nacional.

La voluntad política de Cuba de profundizar las relaciones económicas y políticas con América Latina y el Caribe ha sido expresa, aún cuando factores objetivos y subjetivos han limitado acciones prácticas de mayor perfil y alcance.

Para Cuba es un desafío la reconstrucción de su espacio económico externo y la perspectiva de la posible adhesión a esquemas latinoamericanos de integración, o a acuerdos con determinados países del área, se presenta como una vía para enfrentar ese reto.

INTEGRACION CEPALINA Y EL CAME: EXPERIENCIAS MAS CERCANAS

En la cultura integracionista cubana, la integración está asociada, en lo fundamental, a dos procesos con diferente carácter. Primero, a los procesos que se desarrollaron en los años 60 y 70, como colofón del modelo de industrialización por sustitución de importaciones en América Latina. Segundo, a la experiencia integracionista del CAME, en el que participaban los países socialistas de Europa del Este, la URSS, Mongolia, Vietnam y Cuba.

Los procesos integracionistas latinoamericanos eran de inspiración cepalina y en la perspectiva de los mismos, se vislumbraba la posibilidad de un desarrollo capitalista relativamente independiente en América Latina, por lo que los esfuerzos integracionistas estuvieron relacionados con la expectativa de debilitar los lazos de dependencia con los países centrales.(2)

En aquellos momentos, los procesos de integración de la región eran concebidos como forma de hacer viable la industrialización sustitutiva por la vía de ampliar las dimensiones del mercado local al adicionar los mercados internos de los países que se integraban.

La industrialización significaba una opción para la modernización de las sociedades latinoamericanas; se presentaba como una alternativa al atraso, en tanto propiciaba cierto progreso industrial en sociedades eminentemente agrario y/o minero exportadoras y un proceso urbanizador que tenía un carácter civilizatorio en sociedades consideradas hasta entonces como semirurales.
En la medida que la sustitución de importaciones incrementaba la exportación intralatinoamericana de manufacturas, modificaba la forma tradicional de inserción de la región en la economía internacional; la integración era percibida como "alternativa" a la condición de agroexportadores o minero-exportadores de los países latinoamericanos.

Aquella propuesta excluía, como integrantes de los esquemas, a los países centrales, y confería a esos procesos de integración el beneficio de las expectativas de un posible desarrollo endógeno. En unos esquemas más que en otros (3), esta imagen se reafirmaba en una política de control de inversiones, en el establecimiento de límites a la actividad del capital extranjero y en la prioridad otorgada al mercado interno.
Este tipo de determinaciones políticas establecieron un ideal de integración asociado a un ejercicio de soberanía por parte de los países latinoamericanos, en el marco del capitalismo dependiente.

Con independencia de los resultados reales de estos procesos, -que a la larga devinieron vía para consolidar las posiciones del capital extranjero, tanto por la dependencia tecnológica y financiera, como por el aprovechamiento de mercados cautivos ampliados-, el discurso y teoría asociados al proyecto integracionista contaban con las simpatías de Cuba, en tanto esos procesos se percibían como una manera de distanciarse del imperialismo y de consolidar un espacio genuinamente latinoamericano y caribeño.

Como resultado de la política de bloqueo y hostigamiento desarrollada por los Estados Unidos, Cuba, estaba virtualmente aislada de América Latina (4), lo que impidió el acercamiento a esos esquemas de integración.(5)

Aunque en su discurso político Cuba apoyaba los proyectos integracionistas que se desarrollaban en América Latina, por otra parte, en la academia y en los programas docentes oficiales, se sostenía la imposibilidad de la integración económica entre países con sistemas socioeconómicos diferentes.

Esa posición se fundamentaba en la consideración del desarrollo de un proceso de integración como expresión de la consolidación de un determinado modo de funcionamiento del sistema económico, de un determinado proyecto social, al que se asocia una determinada forma de inserción de la economía nacional en la economía regional y en la economía mundial.

Ya en los años 70 para Cuba era difícil sostener un desarrollo independiente de un bloque integracionista (6). Entonces, teniendo en cuenta la emergencia de una tendencia de pensamiento diferente sobre la reinserción económica cubana en el contexto de relaciones económicas internacionales, articuladas en torno al conflicto. Este-Oeste, Cuba define institucionalmente la dirección de la reconstrucción de su espacio económico con su entrada al CAME (7) en 1972. Por otra parte la situación de aislamiento con relación a América Latina, no daba señales de una regresión, aún cuando se habían producido cambios favorables.(8)

La entrada de Cuba al CAME fue el final de una primera etapa de casi doce años de adaptación de las relaciones técnico-productivas, de las estructuras económico-organizativas e incluso, de identificación con las formas de negociar vigentes en lo que fuera el campo socialista.
Ante el virtual aislamiento, la participación de Cuba en el CAME era la única opción visible, pero no estuvo exenta de costos para el país.
Mucho se ha hablado de los logros de la economía cubana en la época del CAME y tampoco ha faltado un pensamiento crítico alrededor del tema, pero este trabajo no se propone un análisis de ese particular. Sólo un comentario en el período que media entre 1959 y 1989 el papel del sector externo en la reproducción de la economía creció aceleradamente, el índice de apertura externa se incrementó en 28,4 %. (9)

Quiere esto decir que los avances logrados en términos de diversificación productiva estuvieron acompañados de una paulatina pérdida de autonomía del proceso económico, evidenciada en el grado de dependencia del proceso reproductivo a los flujos estables de suministros externos. (10)

Por otra parte, la nueva y/o modificada planta industrial cubana se sustentaba en patrones tecnológicos de alto consumo energético por unidad de producto terminado, menos eficiente que el promedio a nivel mundial.

Como resultado de este proceso de reconstrucción de un nuevo espacio de inserción internacional, se producía una concentración acelerada del intercambio comercial con la URSS y los países de Europa del Este, entorno donde la competitividad internacional no era un criterio articulador de las relaciones económicas.

Para Cuba la reorientación de sus relaciones económicas externas hacia el este europeo había significado la asimilación de una nueva cultura productiva y tecnológica diferente a la occidental, lo que implicó la gradual sustitución de una parte significativa del parque industrial y de servicios existente en el país.

A partir de 1986 comienzan a percibirse señales del deterioro de las relaciones de Cuba con sus partners socialistas, pues de relaciones caracterizadas por la preferencialidad para con los países de menor desarrollo relativo, se empieza a hacer visible una filosofía que reclamaba mayor reciprocidad en el trato intra-CAME.

A esto se sumaba la presión de determinados países para promover un acercamiento al mercado mundial capitalista, pensamiento que no descartaba la posibilidad de la separación del CAME; de manera que antes de producirse el derrumbe del socialismo, en el bloque socialista ya existían claras señales de crisis, si bien no terminal, al menos existencial.

El derrumbe del socialismo en Europa del Este y la posterior desaparición de la URSS, tiene muchos significados y lecturas, pero para Cuba tuvo una significación adicional: representó el colapso de un espacio económico de relativa reciente creación, en función del cual había tenido que refuncionalizar su estructura productiva, tecnológica y comercial.

DESAFIOS POSTCAME

Por su parte, los Estados Unidos asumieron la nueva coyuntura del derrumbe del socialismo europeo, sin producir cambios favorables en su relación con Cuba; por el contrario, trataron de acelerar la caída del proceso revolucionario mediante el reforzamiento del bloqueo al Estado cubano, con la Ley Torricelli y recientemente con el proyecto de Helms.

Una vez más Cuba, en menos de veinte años, se encontró frente a la necesidad de recomponer su espacio económico en un momento en que, por diferentes razones, América Latina también se replanteaba el problema en la perspectiva de la implentación del llamado "Consenso de Washington" (11), que de hecho significaba un cambio radical en la manera de concebir la inserción internacional y la integración regional, con la novedad adicional de la participación directa de los Estados Unidos en los nuevos esquemas de integración.

Las nuevas fórmulas propugnan la desprotección del mercado interno como mecanismo para lograr la eficiencia y la competitividad de la planta productiva latinoamericana, exigencias no viables, en el corto plazo, en la concepción y la práctica económica cubana.
El comercio y la inversión son los ejes fundamentales de la propuesta cubana de reinsersión en la economía mundial. Los posibles beneficios del acercamiento a los espacios latinoamericanos revitaliza el rescate de la integración latinoamericana como forma de inserción internacional. (12)

Si bien la integración concebida en una estrategia de desarrollo para la región latinoamericana sería la opción más deseable para la inserción cubana, no es menos cierto que una integración de matriz neoliberal y subordinada a los Estados Unidos, no es el marco adecuado para la reinserción de Cuba.
En esa dirección es necesario plantearse qué tipos de espacios económicos se están formando en la región, en qué relaciones hegemónicas se estructuran y cuáles son sus tendencias.

Si se tienen en cuenta las determinantes generales de la integración latinoamericana hoy y las condiciones de Cuba para sustentar el rediseño de su espacio económico en un proceso de integración regional, puede plantearse que la voluntad política, expresa en el discurso oficial cubano, va por delante de las posibilidades reales de lograrlo en el corto plazo.

Entre los factores que limitan la viabilidad de la voluntad política cubana en materia de integración están:

-Los procesos de integración que tienen lugar hoy en América Latina se fundamentan en una creciente coincidencia previa de sus políticas macroeconómicas, caracterizadas por la desregulación económica, la liberalización económica y la acelerada privatización.

En ese sentido las diferencias en la estructura y funcionamiento de la economía cubana en relación con las economías latinoamericanas referidas al peso de la economía estatal, centralización económica, insuficiente desarrollo de las relaciones mercantiles, entre otras son un obstáculo estructural para la participación de Cuba en los procesos de integración en su actual diseño.
-La obsesiva hostilidad de los Estados Unidos hacia el gobierno cubano y sus intenciones declaradas de cerrar el cerco económico, son elementos que distorsionan el desarrollo de las normales relaciones comerciales entre la isla y los países latinoamericanos.

El actual proyecto Helms (13) se propone ampliar las acciones encaminadas a aislar económicamente a Cuba. Los capitales provenientes de América Latina y el Caribe son los más sensibles a esta legislación, por el peso de la relación económica de éstos con casas matrices e instituciones financieras norteamericanas.
Este factor tiene una incidencia directa no sólo en el comercio, sino que la presión permanentemente ejercida por los Estados Unidos sobre las potencialidades inversionistas impacta negativamente el flujo de capitales hacia el país.

-Desde el punto de vista comercial, si bien las relaciones de intercambio con América Latina han mostrado una dinámica creciente (14), el área principal del comercio cubano continúa siendo Europa (15), teniendo en cuenta que en un proceso de integración, el grado de compromiso a adquirir por las partes depende del nivel de interdependencia económica, de la afinidad, en materia de gestión macroeconómica y política, del grado de complementariedad entre sus estructuras económicas, y de la confianza que exista entre los asociados (16).

En el caso cubano, al no darse estos requerimientos, el posible acceso a un proceso de integración dependerá más de la voluntad política latinoamericana de conformar un espacio económico con la participación de Cuba, que de relaciones económicas preexistentes. Esa voluntad política dependería, en última instancia, de las ventajas económicas que, potencialmente, propiciara un proceso de integración.

- En la relación comercial con la región la posición cubana es básicamente importadora (17), esto implica un saldo comercial negativo, fenómeno que se enlaza perversamente con el monto de la deuda acumulada con los socios comerciales del área y el frecuente incumplimiento en los pagos, factores de incidencia negativa en el desarrollo posterior de relaciones comerciales, siendo la región una importante.

- La reducida oferta exportable de Cuba. Según información disponible (18), hasta septiembre de 1994 más del 80 % de las exportaciones cubanas se concentraban en dos rubros: azúcar, sus derivados y minerales. Las exportaciones de medicamentos y equipos médicos, renglones con mayor atractivo para el mercado latinoamericano, sólo cubren el 5 % de las exportaciones.

- Baja complementariedad de la economía cubana, con relación a la latinoamericana. Los renglones de mayor peso en las exportaciones cubanas son productos primarios, que compiten con los latinoamericanos. El potencial científico (19) del país, ;no se refleja aún en la estructura de sus exportaciones (20), lo cual sería un posible pilar de la complementariedad.

- La protección del mercado interno (21), que caracteriza la política económica cubana, no es funcional al diseño de política macroeconómica, -de matriz neoliberal-, vigente en América Latina, ni tampoco lo es al diseño de integración en curso. Este es un punto de "desencuentro" entre Cuba y la integración en el área.

En materia de restricciones y liberalizaciones la polémica es usual y el consenso poco frecuente. La política cubana a lo largo de estos años ha sido restrictiva por definición, asumiendo la seguridad económica y comercial del país como parte de la seguridad nacional. Es descartable la aceptación de una opción integracionista donde no se reconozca la preservación de los intereses nacionales.

Por otra parte, la actual política cubana privilegia la inversión extranjera destinada a producciones exportables, pero no las destinadas al mercado interno, que es una de las principales determinantes para la inversión.

- Otros elementos desestimulantes son: la carencia de una infraestructura comercial y de proveedores eficientes, limitado acceso al mercado latinoamericano, no acceso al mercado norteamericano, insuficiente transparencia en los procedimientos y de las regulaciones, excesivas regulaciones y la inexistencia de un mercado de capitales. (22)

Este conjunto de factores -estructurales y funcionales, unidos a la crisis económica interna, limitan la rearticulación de la economía cubana y la integración a espacios regionales.
Sin embargo, existen factores que hacen de Cuba una plaza atractiva para el capital, especialmente para el de origen latinoamericano y que podrían ser los cimientos de una relación más estable, propiciadora de la integración en el mediano o largo plazo:

- La estabilidad política y social del país.

- Ambiente de seguridad y seriedad para los negocios (23) evidenciada en la disposición cubana a promover la firma de Acuerdos de Promoción y Protección de Inversiones. De siete acuerdos firmados, sólo dos son con contrapartes latinoamericanas. (24)

- Preferencia por los capitales procedentes de la región..
En los últimos años se ha producido un notable acercamiento a la región. Un hecho significativo son los siete acuerdos de alcance parcial firmados con países latinoamericanos. (25)

- Alta calificación de la fuerza de trabajo (26) y facilidades para su recalificación en el caso que se requiera. Así como ventajas comparativas en su costo.

- Existencia de una capacidad productiva instalada, en determinadas ramas, potencialmente utilizable por el capital extranjero.

- Potencial científico en sectores de punta como la farmacéutica, la biotecnología, equipos médicos computarizados y servicios médicos de alto reconocimiento a nivel internacional.

- Es una plaza prácticamente nueva para la colocación de los capitales. Baja competencia entre los inversionistas, lo que abre un espacio a capitales pequeños y medianos.

- La actual reforma económica, puede ser considerada como el elemento más significativo que, en el mediano y largo plazo, podría propiciar una interdependencia creciente con la región. En este sentido, la apertura política de la región hacia Cuba, con sus marchas y contramarchas, es un factor de signo positivo para estos propósitos.

Estos elementos pueden ser interpretados como un incentivo para cualquier proceso de integración. Sin embargo, los capitales de origen latinoamericano se han aproximado con relativa lentitud, frente a los procedentes de otras regiones; la presencia de capitales europeos y canadienses en el proceso de apertura cubano es mayor que la de capitales regionales.
En un intento primario de abundar en otras explicaciones a este fenómeno podría argüirse que, hasta el momento, los procesos de integración desarrollados en América Latina tienen su centro en los aspectos comerciales, en un entorno de liberalización del comercio, dentro de una estrategia con un marcado sesgo exportador; por tanto el aliciente para las inversiones de capital latinoamericano estaría relacionado con la posibilidad de acceder directamente al mercado interno cubano y competir abiertamente en él. Visto así, es necesario distinguir entre las posibilidades que Cuba brinda a los inversionistas y su real conversión en lugar de destino para los capitales latinoamericanos.

En la perspectiva cubana, los problemas prioritarios son la modificación de su estructura productiva (junto a la recuperación de los sectores tradicionales) y la reestructuración tecnológica sobre bases modernas, pero al igual que América Latina, las miras de este proceso están puestas en la exportación y, en ese sentido, compite con América Latina por la colocación de capitales, que le proporcionen acceso a otros mercados.
Otro elemento a considerar es el relacionado con el subsidio de las empresas cubanas, que no es compatible con la actual concepción del libre comercio. Si bien este es uno de los problemas candentes a resolver por la reforma empresarial, cuya solución urge, la exposición indiscriminada al mercado no es la fórmula económica ni políticamente viable en el proyecto cubano.

Cuba, cuya producción ha caído bruscamente en los últimos cuatro años, (según cálculos académicos en más de un 40 %), tendría poco que ofrecer en un tratado de libre comercio, sin embargo, tendría como costo un desbalance mayor que el actual en la balanza comercial.
Para la economía cubana el aislamiento de las instituciones financieras internacionales no sólo dificulta el comercio sino que impone el ajuste sin el respaldo crediticio externo con que han contado las economías latinoamericanas. (27)

Así para Cuba el principal problema no es el comercial sino los relacionados con la ampliación y diversificación de su oferta exportable, a través de las inversiones y el acceso a fuentes de financiamiento.
La apertura comercial implementada en América Latina ha tenido como instrumento fundamental la liberalización de las importaciones y su resultado más palpable, la liberalización comercial.
El reconocimiento de la justeza del libre comercio frente al proteccionismo de los industrializados es tema sensible para los países en desarrollo y ha sido un reclamo histórico, pero el libre comercio que privilegian los procesos de integración en América Latina hoy, cumple la función de consolidar la reforma neoliberal en curso y compromete el desarrollo integrado de la nación. En tal sentido, es inaceptable para Cuba.

Por otra parte, enfrentar un proceso de apertura comercial requeriría una preparación previa y hacerlo en medio de la crisis que enfrenta el país podría tener costos económicos y políticos indeseables.

Resulta más coherente avanzar en acuerdos de cooperación que involucren al sector productivo mediante acuerdos sectoriales, que permitan utilizar y/o reestructurar la planta industrial instalada en el país, por la vía de la inversión extranjera directa, ya que la posibilidad de acceder a otras fuentes de financiamiento, como los préstamos frescos, no parece ser la más expedita.

Para Cuba es vital la identificación de espacios diferenciados en su lógica interna y de asociación, con diferentes niveles de subordinación a la política norteamericana.

En esa lógica cuál es la paradoja para Cuba: el esquema de integración "menos atado" a los Estados Unidos es el MERCOSUR, cuyas relaciones con la isla no son significativas, y donde el peso de la deuda con Argentina, puede ser un obstáculo para el desempeño de las relaciones con la subregión.

La capacidad de Cuba para modelar el tipo de integración deseable en el contexto que se desarrolla su difícil proceso de reinserción en la economía internacional, es muy limitada.

Las "reglas del juego" están puestas, son un dato: dos opciones extremas se perfilan: "montarse" en un engranaje cuyo diseño no se participó, ni es doctrinariamente compartido, donde la capacidad para subvertir las reglas son muy poco probables y los costos de aceptar o no entrar, que sería una segunda opción, son igualmente altos.

RAZONES PARA DIVERSIFICAR LOS ESPACIOS

La estrategia de aprovechar las posibles oportunidades que ofrece el entorno y reducir al mínimo los costos sociales y políticos de este proceso, es una opción intermedia que no niega el paradigma integracionista, pero que tampoco obliga a subordinar la lógica del proceso de acumulación nacional a la lógica de los actuales procesos.

Los procesos de integración que se desarrollan hoy en la región tienen un carácter diferente a los desarrollados en los años 60-70, de inspiración cepalina; incluso, los surgidos en esa tradición se han ido transformando en busca en funcionalidad y coherencia al nuevo patrón de acumulación.
En la búsqueda de esa funcionalidad, en el contexto de la globalización se han relativizado conceptos y paradigmas, pero no puede perderse de vista la estrecha relación entre la estrategia de desarrollo y la integración. De manera que los procesos de integración en curso en la región tienen, en mayor o menor medida, el sello de lo neoliberal.

Para Cuba, en cuya estrategia de desarrollo son principios innegociables la justicia social y la independencia nacional, el sello neoliberal de los proceso en curso es un óbice.

Por otra parte el nuevo diseño de integración vigente hasta el momento ha privilegiado la posible adhesión al mercado norteamericano, la integración hemisférica parece ser la meta Final de estos procesos. En este diseño el centro serían los Estados Unidos, en torno al que se agruparían los países latinoamericanos que accedieran a un TLC o que fueran aceptados en el NAFTA.

Aún en un escenario hipotético de mejoramiento de las relaciones con los EE.UU., para Cuba no tienen la misma legitimidad procesos cuya meta sea la articulación a la economía norteamericana, que procesos con un carácter más autónomo con respecto a la hegemonía de ese país.

Si bien todos los esquemas de integración no siguen estrictamente la lógica del NAFTA, los hechos apuntan a que cualquier tentativa más abarcadora a nivel regional estaría "marcada" por ella, en tanto la formación de áreas de libre comercio a su imagen y semejanza como prerrequisito para un posible acceso a éste, se perfila como la forma más expedita de integración en la región. De manera que no los esquemas con un viso mayor de independencia estarían a salvo de la lógica norteamericana en el pretendido proyecto hemisférico.

El contexto externo no es indiferente en la decisión de adherirse a un determinado tipo de política y en la presente coyuntura la filosofía generalizada en América Latina es que las señales del mercado trazan las normas y el fundamento de las decisiones; en el caso cubano la adecuada inserción en la economía internacional no puede ser obra del mercado. El Estado tiene un papel significativo en la definición de las líneas estratégicas de desarrollo y es el que ofrece la coherencia interna necesaria para el funcionamiento de la economía.

No todos los caminos están cerrados. La fragmentación de la hegemonía, que tipifica la multipolaridad económica del mundo hoy, brinda un espacio a Cuba, en tanto posibilita la interacción con los polos del poder, sin subordinarse o "atarse" a uno de ellos. Cierto pragmatismo no puede ser ajeno a una estrategia cubana de "colocarse y manejarse" en espacios diferenciados, y en ese contexto América Latina y el Caribe deben ser concebidos como un espacio, y no como el espacio, en una estrategia de inserción inmediata.

Por otra parte la reinserción cubana en la economía regional e internacional dependerá mucho de la capacidad del gobierno de aprovechar las oportunidades de una coyuntura cambiante y para ello es necesario seguir paso a paso la marcha de los procesos de integración regionales, pronosticar su desempeño en escenarios diferentes y captar los cambios en el entorno que permitan la recolocación del tema integracionista en una agenda más inmediata.
Dos acontecimientos recientes pueden ser una señal de posibles cambios: la Cumbre de Miami y la Crisis mexicana, parecen marcar un discreto desmacaramiento de países y esquemas subregionales del proyecto norteamericano.

Las supuestas virtudes del NAFTA empiezan a ser cuestionadas, más o menos explícitamente, por parte de sectores de gobierno y de las propias burguesías latinoamericanas.
La lentitud con que se proyectan las negociaciones para la ampliación del NAFTA, o la firma de tratados de libre comercio bilaterales con Estados Unidos, pueden hacer revalorar las potencialidades del mercado intralatinoamericano.

Por su parte la crisis mexicana, reveló la excepcionalidad del tratamiento dado a México con relación al resto de la región; puso al descubierto que no todos los países recibirían el mismo apoyo en situaciones similares y por tanto, la limitada posibilidad de un acuerdo tipo NAFTA para impedir, o al menos neutralizar, una crisis de los socios menores comprometidos en un tratado con Estados Unidos.

CONCLUSIONES

En el nuevo contexto de reestructuración económica interna, Cuba busca su posible inserción en los procesos de integración en curso, como una forma de acceder a nuevos espacios.

La presente coyuntura internacional, caracterizada por la conformación de tres centros de poder del capital que compiten entre sí, es un escenario que puede ser aprovechado por Cuba.

Diversificar los espacios de inserción hacia otras áreas geográficas es una propuesta adecuada para favorecer la búsqueda de opciones de transferencia tecnológica y de acceso a las corrientes de comercio de regiones menos tributarias a la política norteamericana hacia Cuba, condición que no cumplen América Latina y el Caribe, por ser área de influencia norteamericana.

Esta visión del problema no significa la pérdida del referente integracionista, sino madurarlo a través de acuerdos bilaterales y eventualmente considerar la posible adhesión a algún esquema en curso, como es el caso de la membresía a la Asociación de Estados del Caribe y diversificar las relaciones con otras áreas geográficas más pródigas en la transferencia de capital y tecnología, por no ser tan sensibles a las presiones norteamericanas.

Esta posición no demerita el discurso integracionista. Cuba no está doctrinariamente cerrada a ninguna opción de esta naturaleza. Formas multivariadas de interrelación económica pueden aportar grados de acceso a una alternativa de integración más legítima en la perspectiva económica, social y cultural.

Sin embargo, rechazar variantes posibles por el prurito de que no satisfagan todas las expectativas de desarrollo concebidas en torno a la integración, sería subordinar la política en esta esfera particular al estrategismo improductivo.

En materia de política económica interna se impone una mayor descentralización de la gestión económica, ampliar los espacios de mercado e impulsar políticas que permitan un normal funcionamiento del mercado interno. Propiciar un mayor acceso de los productos de la región al mercado interno podría sentar las bases de un interés de las contrapartes latinoamericanas de un mayor acercamiento a Cuba.

Cuba explícitamente está decidida a sumarse a cualquier iniciativa de integración política y económica que contemple los genuinos intereses de América Latina y el Caribe. Ello, por supuesto, no merma en lo más mínimo la convicción de que el futuro alberga un tipo de integración inscrita en la propuesta martiana de nuestra América y no en aquella imperial que combatió, cuya esencia reaparece en la actualidad, como integración transnacional sometida y asimétrica.

La integración entre países con sistemas socioeconómicos diferentes es un problema de difícil viabilidad; lo es incluso para aquellos con igual sistema. Para Cuba cualquier decisión en materia de integración está atravesada por interrogantes bien espinosas: ¿para qué se integra?, ¿hasta dónde integrarse?, ¿con quién se integra?, ¿con quién no?, ¿qué se puede exigir?, y ¿qué está dispuesta a conceder?

José Martí, para quien en política, "lo real es lo que no se ve", razón por la que "a todo convite entre pueblos hay que buscarle las razones ocultas", colocó en su momento reflexiones sobre el tema que parecieran estar destinadas al debate de nuestros días:
"Quien dice unión económica, dice unión política. El pueblo que compra, manda. el pueblo que vende, sirve. Hay que equilibrar el comercio, para asegurar la libertad. El pueblo que quiere morir, vende a un sólo pueblo, y el que quiere salvarse, vende a más de uno. El influyo excesivo de un país en el comercio de otro, se convierte en el influjo político. La política es obra de los hombres, que rinden sus sentimientos al interés, o sacrifican al interés una parte de sus sentimientos. Cuando un pueblo fuerte da de comer a otro, se hacer servir de él. Cuando pueblo fuerte quiere dar batalla a otro, compele a la alianza y al servicio de los que necesitan de él. Lo primero que hace un pueblo para llegar a dominar a otro, es separarlo de los demás pueblos. El pueblo que quiera ser libre sea libre en los negocios. Distribuya sus negocios entre países igualmente fuertes. Si ha de preferir a alguno, prefiera al que lo necesite menos, al que lo desdeñe menos. Ni uniones de América contra Europa, ni con Europa contra un pueblo de América. El caso geográfico de vivir juntos en América no obliga, sino en la mente de algún candidato o algún bachiller, a unión política. El comercio va por las vertientes de tierra y agua y detrás de quien tiene algo que cambiar por él, sea monarquía o república. La unión, con el mundo, y no con una parte de él, contra otra". (28)

Las "invitaciones" norteamericanas deben ser vistas con el recelo que dan a América Latina y al Caribe la experiencia histórica: integración entre iguales, sí, la integración con Estados Unidos es una reedición de relaciones de dependencia y subordinación, que precisamente debieran superar los procesos de integración.

CITAS Y NOTAS

1. Cfr.Juan Valdés Paz. "Los procesos de concertación política y de integración en América Latina y el Caribe" en, "Cuadernos de Nuestra América", No.22, en proceso de edición.

2. Cfr.Gert Rosenthal: "Repensando la integración", en: Pensamiento Iberoamericano, Num.15,1989.
3. No todos los esquemas de integración que se desarrollaron en ese período dieron un tratamiento uniforme a estos aspectos. El Pacto Andino, con su Decisión 24, fue el caso más relevante en la implementación de una política de restricciones a la actividad del capital extranjero. Si bien el Pacto Andino, como agrupación integracionista, fue la más radical en sus reflexiones acerca del tratamiento al capital extranjero, ideas que en la práctica no fueron cumplimentadas en su letra; es válido aclarar que varios países del área también venían aplicando medidas de regulación económica que reservaban al capital nacional (prioritariamente estatal) la inversión en determinados sectores considerados estratégicos.

4. Bajo la presión norteamericana todos los países del área, excepto México, se sumaron a la política de bloqueo, en los primeros años de su implementación.
5. En esa etapa las relaciones intergubernamentales de Cuba con Latinoamérica eran prácticamente nulas y muy tensas por la presunta participación de Cuba en el movimiento guerrillero y la creciente relación con la URSS.
6. Antes de entrar al CAME ya se había producido un crecimiento estable de las relaciones económicas entre Cuba y la URSS; el intercambio comercial entre los dos países se elevó de 13 millones de pesos en 1970. Las relaciones de colaboración y financieras también se habían incrementado significativamente.

7. Aún en las nuevas circunstancias, Cuba mantuvo acciones encaminadas a participar en espacios latinoamericanos; así para esos años Cuba participó en NAMUCAR, como observadora en el Pacto Andino, en ALADI y por algún tiempo en CARICOM.
8. En el segundo lustro de los 70, durante el gobierno de James Carter, la tirantez en las relaciones con América Latina es matizada por una gradual recuperación en las relaciones con el área, manifiesta en el reestablecimiento de relaciones diplomáticas o a nivel consular con varios países.

9. Cfr. José Luis Rodríguez: "Las relaciones económicas entre Cuba y la antigua URSS: evaluación y perspectivas" en, Cuadernos del Este No.6, Editorial Complutense, 1992; y Antonio Romero: "El reto de la reinserción internacional de la economía cubana", ponencia presentada al Seminario sobre Reconversión Industrial en Iberoamérica, ICICIEI, Ciudad de la Habana, 17-20 de mayo de 1993.
10. Cfr. José Luis Rodríguez: op.cit.
11. El llamado Consenso de Washington plantea un paquete de medidas económicas a aplicar por los países latinoamericanos en el proceso de reestructuración de sus economías: la liberalización de los flujos comerciales, la liberalización de la inversión extranjera, la desregulación de la economía, la reducción del papel del estado (la privatización como cuestión fundamental), la renegociación de la deuda en el ámbito del Plan Brady y la supervisión de esas políticas por el FMI, el BM y el BID.

12. Es importante aclarar que aún en los momentos de mayor aislamiento, en el discurso político cubano siempre estuvo presente América Latina como área preferencial de integración. Cfr. Constitución de la República de Cuba, 1976.
13. Las legislaciones precedentes inscriptas en la "Ley de comercio con el enemigo", habían referido como objeto principal de sanción las relaciones con el Estado cubano, el nuevo proyecto amplia y especifica como relaciones sancionables por Estados Unidos las que se sostengan con personas e instituciones económicas corporativas establecidas en propiedades expropiadas por el Gobierno de Cuba que sean reclamadas por una persona de Estados Unidos. De igual manera el citado proyecto de ley plantea una investigación exhaustiva de las relaciones potenciales y existentes con socios extranjeros, que incluya la identificación de los montos de la operación.

14. En 1989 el comercio con América representaba menos del 6 % del intercambio total, mientras en 1993 sobrepasaba el 20 % (incluye Canadá), en este comportamiento tiene un peso significativo, la reorientación de las fuentes de abastecimiento de petróleo. Cfr. Julio Carranza Valdés "La economía cubana Crisis y reinserción regional" en, revista Nueva Sociedad, No.135.

15. Según declaraciones de Ricardo Cabrisas, titular de Comercio Exterior, para 1993 la distribución geográfica del comercio exterior cubano era la siguiente 49 % con Europa, 33 % con América, incluyendo Canadá, 13 % con Asia y 15 % con otros. Periódico "OPCIONES", 30 de octubre de 1994.

16. Cfr. Gert Rosenthal "La integración regional en los 90", ob. cit.
17. La región es suministradora de combustible, materias primas y alimentos, rubros básicos en las importaciones cubanas.
18. Ricardo Cabrisas, op. cit.
19. Según datos de la CEPAL los gastos en Investigación y Desarrollo, como por ciento del PIB, son mayores en Cuba que en el resto de América Latina.
20. Antonio Romero, op.cit.
21. Vale la pena aclarar que las barreras de acceso al mercado interno en Cuba no son de carácter arancelario, el arancel promedio del país es 8 %, más bajo que la media regional. Sin embargo, las decisiones en materia de importación son altamente centralizadas a nivel estatal.

22. Algunos de estos elementos fueron tomados de los debates de una sesión científica sobre la inversión extranjera en Cuba, realizado en el CIEI en octubre de 1994.
23. Según información publicada en Miami Herald, Cuba ocupa el lugar 29 en una lista de los 100 países más seguros del mundo para la inversión extranjera.
24. Existen acuerdos de este tipo con: Italia, Rusia, México, Canadá, Colombia, España, Gran Bretaña y Cfr. Dossier "Reajustes y reformas en la economía cubana 1994", publicación especializada, Sección de Información Científica, CEA, febrero 1995, p. 13.

25. Cfr. Tania García "Asociación de Estados del Caribe: Potencialidades y Desafíos", en revista Comercio Exterior, Vol.45, Num.4, México, abril 1995.
26. Cuba cuenta con un graduado universitario por cada 15 personas que trabajan, y con un técnico de nivel medio cada 8. Cfr. Dossier "Reajustes y Reformas de la Economía"
27. Cfr. Juan Triana Cordoví: "Cuba y el ajuste: lo económico y lo social", CEC, 1994.
28. José Martí fragmentos tomados de La Conferencia Monetaria de las Repúblicas de América, mayo de 1891, en Obras Completas T-6, Editora Nacional de Cuba, La Habana 1963, p.158-160.

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  • Publicación: Enfoques
  • Número: 13
  • Año: 1995
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