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Jueves, 18 de Octubre de 2018
Rompiendo el silencio - Especiales - IPS Cuba

Romper el silencio

Activistas, investigadores, periodistas, juristas y artistas, en una amplia gama de actores sociales, identifican los retos aún presentes en el enfrentamiento a la violencia de género en Cuba.

Cuando se trata de violencia de género, no puedo dejar de pensar en poder y hegemonía. Siempre en estos casos va a estar presente una relación asimétrica. Un reto que debemos asumir cuando hablamos de mujeres es no hablar exclusivamente de mujeres heterosexuales. Las investigaciones tienen que abarcar toda la violencia que está en la base de las construcciones de las identidades sexuales y profundizar en aquella que rodea la decisión de la salida del closet de las mujeres que optan por una pareja del mismo sexo.

Psiquiatra. Especialista del Centro Nacional de Educación Sexual.

Reflejar cada vez que pueda toda esa problemática, hablar de ella lo más profundamente posible y hacerlo de una manera positiva, siempre para dar un mensaje. No me gusta atacar la violencia con violencia sino verla desde otro ángulo. Debemos hacer una cadena y hacer el bien a uno mismo y al que tiene cerca. Y si cada persona va haciendo el bien, podemos lograr algo maravilloso. Todo lo que sea sublimar el espíritu, dejar de degradarse en cualquier sentido - ya sea robando, golpeando- y actuar siempre que se produce algo delante de mí y está en mis manos enfrentarlo. Siempre estoy atenta.

Pintora

Debemos desnaturalizar los elementos que en el tema de la violencia hemos incorporado desde lo cultural y que están ahí, naturalizados, y no nos los cuestionamos. También, tratar de abordar el tema no desde las catarsis personales sino más allá de la casa, complejizarlo en lo social y que el análisis nos ayude a entender los roles que asumimos sin detenernos ahí: toquemos la violencia de género desde el poder y desde las sutilezas que, a partir de ese poder, pueden convertirse en algo bastante violento.

Especialista del Centro de Educación y Promoción para el Desarrollo Sostenible de Pinar del Río.

La violencia de género en Cuba continúa invisible. Aún no la hemos podido ubicar como un tema a tener en cuenta, discutir y tomar medidas: construir estrategias entre todas y todos que vayan, desde la prevención hasta el trabajo con personas víctimas de la violencia. La academia y el activismo han hecho aportes, pero seguimos sin una ley contra la violencia de género o una línea ayuda para las víctimas. Cuando entendamos que estamos ante un problema político que nos impide ser un país más justo, daremos pasos más certeros para construir caminos que ayuden a eliminar las inequidades que generan la violencia de género.

Profesora del Instituto Superior de Arte y una de las coordinadoras del espacio de debate sobre género y cultura “Mirar desde la sospecha”.

La violencia es un problema de todos y todas. El reto parte del cambio de la mentalidad, de la conciencia del cambio, de esa necesaria transformación que tenemos que tener todos. Y está, también, en cómo asumimos ese cambio para que, desde las políticas gubernamentales, se vea la violencia como un fenómeno sociocultural que hay que darle atención con un respaldo social, jurídico y en todos los niveles.

Profesor de la Dirección de Extensión Universitaria de la Universidad de La Habana.

Democraticemos nuestras relaciones interpersonales, ya sean intergenéricas o intragenéricas, a la vez que nos comprometamos a romper el silencio cómplice y trabajar juntos con las mujeres en la lucha contra la violencia de género. Una sola mujer que logremos salvar de la violencia ya es importante. Tenemos que hacerle frente a todo acto de violencia, de discriminación, de exclusión. Hoy somos unos 40 en la Plataforma de hombres cubanos contra la violencia, estoy seguro de que pronto seremos más.

Coordinador general del Grupo de Reflexión y Solidaridad “Oscar Arnulfo Romero”.

Yo creo que un reto emergente en el tema de la violencia es la contraviolencia, la respuesta que desde lo individual, desde la familia, desde lo social, se necesita para enfrentar a la violencia. Una vez reconocida, es importante definir cómo enfrentarla pues un mal manejo puede generar otros tipos de violencia. Tenemos que trabajar la contraviolencia desde todas las prácticas y experiencias profesionales donde se trabaja el tema.

Psicóloga, Centro de Prevención del VIH/sida de la provincia de Pinar del Río.

A veces vemos la consecuencia y no la causa que genera la violencia, que es una manifestación de las relaciones jerárquicas de poder entre hombres y mujeres. Un desafío de los medios de comunicación es tratar de graficar no solo el hecho mismo, sino penetrar en las razones que lo generan y crear esos espacios de debate para construir una cultura de paz en una sociedad donde conviven múltiples formas de ser hombre o mujer. Los medios no son el reflejo de la realidad: reconstruyen, repiensan una realidad a partir de la realidad misma.

Periodista. Directora de la Editorial de la Mujer de la Federación de Mujeres Cubanas.

Desde los espacios religiosos se validan posturas patriarcales que discriminan a la mujer, a los jóvenes y a los niños; se ejerce violencia y racismo. Cuesta trabajo entender la diversidad y seguimos validando valores hegemónicos en los que, por supuesto, no entran las personas no heterosexuales, las cuales quedan fuera, excluidas y violentadas. Uno de los retos más importantes es abrirse al diálogo interreligioso como una propuesta real de paz y de hermandad, que incluya los temas de la exclusión, la violencia y la dignidad de todas las personas, ya sean heterosexuales, homosexuales, bisexuales o transexuales.

Presbiteriano. Presidente del Movimiento Estudiantil Cristiano de Cuba y estudiante del Seminario Evangélico de Teología de Matanzas

Hay tantos problemas emergentes en el mundo masculino cubano que desconocemos en toda su profundidad: la inequidad en el empleo, los mitos de la sexualidad masculina, el crecimiento de hombres que se infectan con el VIH (virus de inmunodeficiencia humana, causante del sida) después de los 40 años, los ex presidiarios que llevan esa marca de por vida, la deserción juvenil en las escuelas y la exclusión que se ejerce contra seropositivos, discapacitados, negros, homosexuales y personas procedentes del oriente del país. El verdadero reto de la No violencia viene en enero, cuando nadie hable de ello.

Historiador. Coordinador de la Red Iberoamericana de Masculinidades.

Tenemos un reto muy grande porque estamos en un Consejo Popular donde hay alta presencia abakuá (religión de origen africano que funciona como asociación masculina). Ellos se definen como buenos hijos, buenos esposos y buenos amigos y, como norma, así se reconocen en la comunidad. En estas condiciones, hemos logrado que 20 mujeres hayan hecho denuncias a la policía en el transcurso de este año. Antes las mujeres se mantenían calladas ante una situación de maltrato y ese silencio era un riesgo muy grande.

Especialista principal del Taller de Transformación del Barrio Pocitos-Palmar.

Mientras sigamos haciendo casillitas para clasificarnos, habrá unas que asuman ser superiores a las otras y violencia. También habría que dejar de hablar de género, que entraña, del mismo modo, el poder de uno, masculino, sobre el otro, femenino: las mujeres para limpiar y cocinar; los hombres para buscar el dinero, (aunque ya no sean los que buscan la plata, nos siguen condenando a las labores domésticas, una de las formas más antiguas de la violencia de género). Habrá que hablar de seres humanos y de la igualdad entre seres humanos con el mismo valor.

Facilitadora nacional del grupo Trans del Centro Nacional de Educación Sexual.

Sería muy saludable para el sistema jurídico cubano la inclusión gradual y paulatina de leyes que se dediquen a agrupar en su seno cuestiones muy particulares. Una ley contra la violencia de género permitiría, de modo acertado, regular todo lo que tiene que ver con este tema y que hoy, como sucede con la protección, aparece de manera dispersa. A ello se suma, como otro gran reto, contemplar dentro de las disposiciones jurídicas - civiles, penales, constitucionales y administrativas-, la cuestión de la orientación sexual y la identidad de género. Si complejo es el problema de la violencia contra la mujer más lo es el de las transexuales, que son doblemente discriminadas. Incluir todas estas dinámicas es abrirle camino.

Abogado. Asesor jurídico del Centro Nacional de Educación Sexual.

Uno de los retos es conocer el alcance de la violencia en Cuba y no solo la violencia que se constituye en delito y que está registrada. Hay otra violencia que no es delito, pero que tiene distintos niveles de gravedad y se desconoce su grado de extensión. Las estadísticas ayudan a visibilizar, a tratar y a prevenir. Y el reto también aparece en cómo enfrentarla para transformar. Si la violencia es aprendida, cómo desaprender la violencia. Pero, mientras no se visibilice, no se reconozca, no se identifique, faltará mucho para transformar la realidad.

Psicóloga. Investigadora del Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas.

No es posible pensar en políticas o disposiciones jurídicas, si la violencia de género no se reconoce como problema. La visualización es prácticamente el ABC de poder hacer. El género no se puede ver al margen de las características socioculturales de una población: raza, condiciones socioeconómicas, ubicación territorial y algo que muchas veces olvidamos, las generaciones. En la reivindicación de género, ¿cómo es posible que muchas mujeres jóvenes, no avancen sino que, por el contrario, retrocedan?

Socióloga. Directora del Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas.

No sé si podía lograr que los hombres cambiaran, pero sí que empezaran a pensar. El cambio del hombre tiene que ser desde él mismo, no desde los reclamos de la mujer o de la sociedad porque entonces es ficticio: “estoy cambiando porque el otro me lo está exigiendo y no porque creo que deba cambiar, le estoy haciendo daño a la otra persona, estoy siendo inequitativo, exclusivo, violento, abusador…”. El hombre debe revisarse él, mirar a los otros para poder cambiar y después ir al encuentro de la mujer.

Psicóloga. Coordinadora del proyecto “Bienestar para las masculinidades en desarrollo” del Grupo de Reflexión y Solidaridad “Oscar Arnulfo Romero”.

En Cuba, sigue siendo común escuchar frases como “a ella le gusta por eso no se va”, que solo intentan naturalizar un fenómeno que ocurre a puertas cerradas y en el que la sociedad no interviene porque “entre marido y mujer nadie se debe meter”. Tenemos identificada una carencia en la formación de especialistas como juristas, médicos y psicólogos en ejercicio sobre el tema por lo que se debe trabajar en su capacitación y empezar a hacerlo también con los estudiantes. Como es difícil cambiar un plan de estudios, se pueden realizar acciones educativas que favorezcan una reflexión crítica.

Psicóloga. Presidenta de la Cátedra de la Mujer de la Universidad de La Habana.

Nos quedan muchas lagunas en el derecho para darle mayor protección a la mujer que sufre violencia. El Código Penal carece de la figura de los malos tratos, aquel que no deja secuelas físicas, no es visible o no requiere de tratamiento médico. Al no constar las lesiones, tampoco se tipifican como delito y ni siquiera llegan a los tribunales: se archivan en las unidades de la policía, donde las mujeres son doblemente victimizadas porque van buscando amparo y protección y no los reciben. Una norma específica sería lo ideal pero, mientras tanto, sería recomendable hacer modificaciones en el orden administrativo y en el penal.

Jurista. Jefa del Departamento de Protección de los Derechos Ciudadanos de la Fiscalía en la provincia de Cienfuegos.

Mejorar la conducta de los hombres, promover nuevas formas de vivir, un nuevo mundo, una nueva paz. Hoy todo parte del hombre. El hombre violenta a la mujer, a los hijos, a los animales, al medio ambiente. Cuando logremos sensibilizar al hombre en ese tema, vamos a tener un mundo feliz, que hoy parece casi imposible.

Trabajador social. Taller de Transformación Integral del Barrio Alamar Playa

Las leyes solas no bastan. No hacemos nada con tener leyes y reformarlas si no se influye en quienes las aplican; si esas personas siguen pensando que la mujer se merece el maltrato o la ven como la causante del problema, la que lo provoca. La subjetividad no cambia, ni aunque se promulgue una ley.

Jurista. Colaboradora del Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex).

Habría que sensibilizar a la mayor cantidad de artistas posibles sobre la necesidad de que entre todos tratemos de lograr una cultura de paz. Y ese mensaje se debería proyectar en todas nuestras manifestaciones artísticas, desde la música hasta las artes plásticas. Creo que hay muchos artistas que llevan un tiempo haciendo un trabajo en esta dirección, pero mientras más nos incorporemos, más rápido podremos lograr un mejor resultado para la sociedad.

Cantante. Impulsora del proyecto Todas contracorriente.

Ni la violencia solapada ni la física se visualizan con la fuerza necesaria para que la sociedad reaccione con una respuesta positiva. Todavía nos falta una buena caminata. La violencia de género se sigue viendo como algo privado, no se denuncia, no se toma una medida educativa o, por lo menos, que preserve la integridad física y moral de la persona que es violentada. Necesitamos más capacitación y ejemplos que provoquen cambios de actitud y que nos coloquen el desafío de enfrentar esas situaciones que son cotidianas, que las vemos en el ómnibus, entre los vecinos, en la escuela, la iglesia, o la cola (fila) de la bodega.

Pastor. Encargado del Programa de Promoción del Desarrollo Humano de la Fraternidad de Iglesias Bautistas de Cuba.

La violencia física y psicológica están muy arraigadas y naturalizadas en el barrio y a las personas les cuesta trabajo verlas como violencia. Es difícil lograr que visualicen cuando están siendo violentadas, y no solo en el caso de las mujeres y los hombres, sino también las niñas y los niños, las ancianas y los ancianos. Para nuestro proyecto es fundamental hacer que las personas reconozcan la situación en que se encuentran y que se puede salir de ella.

Proyecto Comunitario Casa del Niño y la Niña del barrio de Jesús María en La Habana Vieja

Es un gran desafío el que tenemos por delante: erradicar la violencia. La lucha desde los estudios de las masculinidades puede ser muy positiva pues, si se tiene en cuenta que el origen de muchos de los actos violentos en nuestra sociedad tiene que ver con la construcción social de la masculinidad, revertir estos valores que se transmiten desde que se nace, en la escuela o en la familia, sería una de las grandes propuestas. Y, sobre todo, en los jóvenes varones de hoy que somos uno de los grupos más vulnerables a aprender estos códigos violentos. Trabajar y sensibilizar a este grupo social sería un gran aporte.

Historiador. Integrante de la Red Iberoamericana de Masculinidades.

Detalles

Tiene un hijo de 11 años que adora. Estudia, trabaja, sueña con llegar a ser maestra de educación física, pero a seis años de dejar la prostitución Alina seguía sin encontrar el amor. “Aún no puedo definir cuándo una relación es de verdad o de mentira. ¡Hice tantas cosas para que los hombres creyeran que estaba sintiendo algo!”, comentó en 2006 esta joven de 29 años, residente en la ciudad cubana de Pinar del Río, a unos 140 kilómetros de La Habana.

"Creo que esa es la mayor secuela que le queda a una mujer después de haber ejercido la prostitución. Tengo épocas en que me siento bien, pero prefiero estar sola", dice segura de querer contar su historia. "No es la primera vez que la cuento, ni será la última", añade.

A los 17 años no había querido seguir estudiando, salió embarazada y tuvo a su hijo. El papá del niño nunca volvió a ella ni se ocupó de su hijo y así hasta que decidió convertirse en una de las tantas jóvenes, en muchos casos casi adolescentes, que han decidido dejar su casa en provincia para irse a La Habana y meterse de lleno en el "jineterismo", esa palabra que se convirtió en sinónimo de prostitución en Cuba desde la última década del siglo XX.

Pasó el tiempo hasta que apareció lo que parecía ser “la oportunidad de la vida”. Un belga decía quererla, quería ponerle casa, casarse con ella, llevársela a su país; prometía darle todo lo que era el sueño de cualquier "jinetera" cubana de los años 90 y también de inicios de este nuevo siglo.

Pero un día dijo lo que no debía haber dicho nunca: "Luisito en mi país vale millones y millones de lágrimas. No por lo lindo, sino por sus órganos", dijo el turista belga y Alina cayó en pánico: "el niño estaba bonito, sano, con la piel rosadita y aquello me puso muy mal", relata la joven.

"Fíjate si mi trauma era grande que, un día, me desperté a las 9 de la mañana y, cuando miré a mi alrededor, no vi al chiquito y a él tampoco. Lo único que pensé fue 'se lo llevó', 'perdí a mi hijo'. Esa fue la última vez que invité a un hombre a mi casa".

Créditos: Dalia Acosta | Edición web: Elaine Díaz | Fotos: Jorge Luis Baños y Archivo IPS-CubaCon la colaboración de la corresponsalía en Cuba de SEMlac.