IPS Inter Press Service en Cuba

Domingo, 26 de Enero de 2020
A Debate
Preguntas y Respuestas
Educación Popular: desmontando mitos
Domingo, 26 de Enero de 2020

1.¿Cuál es el panorama de la violencia de género en la sociedad cubana? ¿Qué diferenciaría y asemejaría el caso cubano al de otros países de América Latina y el Caribe?


Mareelén Díaz: En la sociedad cubana está presente la violencia contra la mujer al igual que en cualquier sociedad del planeta. Cuba no escapa a este fenómeno global.

 

Si es diferente o semejante la violencia que ocurre aquí a la de países latinoamericanos y caribeños, es otra cuestión. Podría compararse a partir del registro de actos violentos constituidos en delito y que son denunciados ante los órganos de justicia (que reflejan en mayor medida violencia del hombre hacia la mujer). Pero esta cantidad es mínima en relación con lo que ocurre realmente en la sociedad.


Hay una cultura de no denuncia e incluso pareciera que se perciben más efectos negativos con la denuncia que con el sostenimiento en el tiempo de conductas violentas.

 

A esta invisibilidad contribuye que la violencia en la familia provoca sentimientos de vergüenza, pena y minusvalía en las víctimas, por lo que tratan de ocultar eventos lacerantes provenientes de personas que deberían ofrecer cariño, apoyo y amor.

 

Además, existe la concepción de que los asuntos familiares y, en mayor medida, los eventos de violencia, corresponden al mundo privado del hogar, aun cuando se violen derechos elementales de los seres humanos. Esta idea responde al refrán popular que reza: “los trapos sucios se lavan en casa”.

 

Otro elemento tiene que ver con que, de generación en generación, se ha legitimado un proceso de naturalización de la violencia intrafamiliar .

 

Las desigualdades de poder –real o simbólico-, las relaciones que privilegian a unos y discriminan a otros, las concepciones rígidas que imponen límites, derechos, deberes, espacios y normas al resto; producen realidades violentas que pueden ser aceptadas o no por los miembros de la familia, pero que siempre establecen conflictos relacionales e insatisfacciones individuales.

 

Aun con la información acumulada, las investigaciones realizadas hasta ahora, al no tener un alcance nacional y no estar basadas en muestras estadísticamente representativas, no permiten determinar con precisión los niveles de violencia intrafamiliar y, específicamente dentro de esta, la violencia contra la mujer, prevalecientes en Cuba; ni tampoco posibilitan efectuar comparaciones internacionales detalladas al respecto.

 

Tomando en cuenta la naturaleza de nuestro sistema sociopolítico, que promueve la solidaridad entre las personas, así como el desarrollo social alcanzado por nuestro país en diferentes esferas y la existencia de una amplia red de instituciones que actúan a nivel comunitario, puede suponerse que los niveles cubanos de violencia intrafamiliar son inferiores, tanto en cantidad como en gravedad de los hechos en cuestión, a los prevalecientes en la mayoría de los restantes países latinoamericanos.

 

Pero, desafortunadamente, esto no puede comprobarse. Sólo conozco de un estudio cualitativo que aborda la comparación y trabaja con pocos casos.

 

Me he referido explícitamente a la violencia contra la mujer porque me parece más claro el término. Sin embargo, no es la única forma de expresión. No toda la violencia que ocurre en la familia puede explicarse a partir de la dominación masculina y los ejes esenciales de la cultura patriarcal.

 

El círculo de la violencia se explica mediante tres ejes de análisis: la transmisión intergeneracional de modos de comportamientos cargados de expresiones de violencia, la alternancia de los roles de víctima y victimario en las mismas personas en el funcionamiento del grupo familiar, y el vínculo entre el funcionamiento familiar en situación de violencia y la violencia social.

 

En los tres ejes se aprecia una relación dialéctica en la que existe una interconexión, que en última instancia explica la trama en la cadena de producción de la violencia intrafamiliar, por supuesto, en conexión con la violencia social.

2.La prolongada crisis económica que vive la población cubana, el incremento del consumo de alcohol y drogas legales e ilegales, la convivencia de varias generaciones en una misma casa, entre otros, han sido descritos por algunos estudiosos como desencadenantes de la violencia de género en Cuba. ¿Qué hay de cierto en estas supuestas evidencias que relacionan estos factores con el aumento de la violencia de género? Para usted, ¿cuáles son las verdaderas causas de este fenómeno?


Clotilde Proveyer: No son supuestas las evidencias que muestran que el consumo de alcohol y de drogas, así como las situaciones de crisis, se convierten en desencadenantes o catalizadores de conductas violentas, pero la causa real de este problema social tiene que ver con relaciones de poder y control.

 

Vuelvo entonces a la reflexión anterior sobre la cultura patriarcal. Está demostrado que, cuando hay paridad, hay negociación en la resolución de conflictos. No podemos olvidar que la violencia supone siempre un acto relacional y debe haber un actor empoderado y otro carente de poder.

 

Históricamente, las mujeres han sido un grupo social subalterno del poder masculino y ahí está la más importante razón de la violencia de género: el uso de la violencia como un mecanismo de control patriarcal.

3.¿Los actos violentos son más frecuentes en Cuba hoy, si se compara con décadas anteriores, o son más visibles gracias al camino abierto por las investigaciones científicas   desde la década del noventa, intentos aislados de los medios de comunicación y el inicio de cierta toma de conciencia de diferentes actores sociales?


Mareelén Díaz: Puede compararse a partir de una percepción personal, pero es muy difícil hacerlo desde el punto de vista científico, si no cuentas con datos cuantitativos y/o cualitativos para interpretar la realidad.

 

Un estudio evolutivo tendría que saltar grandes obstáculos metodológicos. Por otro lado, se trata de un fenómeno que se ha caracterizado, durante siglos, por su invisibilidad. Hay que luchar por hacer visible lo que intencionalmente se oculta por diferentes razones.

 

Que se hable más del tema en los medios de comunicación y en las investigaciones, no significa necesariamente que el fenómeno se ha incrementado. Además, se debe tener en cuenta que un resultado inevitable del tratamiento del tema implicará un incremento del número de casos que sale a la luz pública.

 

Es mejor valorar los esfuerzos según el número de casos atendidos y la cantidad de acciones locales y estrategias globales dirigidas a la transformación, y trabajar en función de la prevención. Aunque los resultados no sean inmediatos, sí serán más sostenibles.

4.¿La educación basada en la cultura de paz, en modelos más democráticos de convivencia y en esquemas menos rígidos para entender la sexualidad, las identidades de género y la relación entre ellos; será una fórmula viable a largo plazo para resolver el problema de la violencia de género? ¿Cuál sería el papel que, a su juicio, deberían desempeñar los medios de comunicación y hasta dónde podría contribuir la sociedad civil cubana en la promoción de un cambio?


Clotilde Proveyer: En primer lugar, quiero enfatizar la importancia de las vías educativas como imprescindibles para el desmontaje de las conductas violentas. Debemos trabajar denodadamente por el logro de una socialización de género que promueva la equidad, el respeto y la cooperación entre los géneros.

 

La violencia tiene un origen cultural y es preciso desmitificar la justificación de tales actos basada en la creencia sobre el carácter instintivo de la violencia. El instinto agresivo es innato, pero la acción cultural es la que genera la violencia. Las mediaciones culturales son tan importantes que pueden atenuar y/o modificar lo inscrito en los genes.

 

Tenemos que trabajar en la educación con perspectiva de género desde todas las instituciones socializadoras (la familia, la escuela, los medios de comunicación, entre otras), para enseñar a las niñas y los niños, desde edades tempranas, a convivir de manera respetuosa, revalorar lo que de humano prevalece en ambos géneros y promover la formación de identidades de género más plenas y humanas, sin discriminación ni subordinaciones.

 

Ya referí la importancia que le concedo a los medios como una vía de amplio alcance y de gran efectividad en el logro de estos objetivos. Ustedes también están haciendo una importante contribución en la sensibilización y concientización de cada vez más amplios sectores en nuestra sociedad.